IV
'Esa
misma noche pasaron muchas cosas. Tantas que no sé por donde
empezar.. Recuerdo que cada vez llegaba más gente a casa y yo
queriéndolo o sin querer, no sé, lo buscaba con la mirada. Y cada
vez que me giraba y no era él, me desilusionaba..no podía ser nada
bueno. Decidí ir a la cocina con Lucía y le conté todo lo que
había pasado, no era gran cosa pero yo desde siempre había sido muy
enamoradiza y a la mínima me ilusionaba. Me prometí después de
cortar con Toni- mi ex- que no volvería a caer por otro tío, que
quería que pasara un tiempo hasta enamorarme de verdad pero por
alguna extraña razón mi cuerpo no dejaba de reaccionar cada vez que
Eric estaba cerca, era algo automático.
Quería
dejar de pensar en ello, era mi cumpleaños y quería disfrutarlo y
pasarlo a lo grande. Bailé, canté, bebí, grité, todo con Lucía.
Sabía que esa sería una noche que siempre recordaría. Me fijé en
el reloj y eran casi las tres de la madrugada. Tenía sed así que
fui hacia la cocina, me separé de Lucia unos segundos.
Al
llegar a la cocina abrí la nevera buscando un poco de agua. Al
girarme vi a Eric apoyado en la barra. Me miraba con una sonrisa.
-Hola-
susurré.
-Hola-
me guiñó un ojo-¿Qué hacías?
-Buscar
un poco de agua- moví la botella en mi mano- ¿Y tú?
-Buscarte-
quiso acercarse a mi pero se abrió la puerta de la cocina. Era
Denis.
Nos
miró a ambos y aparté rápidamente la mirada de Eric.
-¿Qué
hacíais?- preguntó.
-Yo he
venido a buscar un poco de agua- le sonreí- Voy a tomar un poco el
aire- miré de reojo a Eric y me despedí de ambos con la mano.
Me
senté en las escaleras del jardín de la parte de atrás, no había
nadie y lo preferí. Necesitaba despejarme un poco. Nunca sabía
ponerle fin al alcohol y a veces necesitaba un respiro. Cerré los
ojos durante unos segundos mientras intentaba relajarme. No sé
cuanto tiempo pasé con los ojos cerrados pero la verdad que no me
importaba, necesitaba pensar un poco en todo lo que estaba pasando,
tenía miedo y yo nunca lo había tenido.
Volví
a la realidad cuando noté que alguien se sentaba a mi lado y me giré
asustada. Era Sergio, el amigo de mi hermano.
-¿Qué
haces aquí?- se rió. No iba muy bien que digamos.
-¿Sabes
que el vestido que llevas te queda muy bien?- puso una de sus manos
en mis piernas y le di un manotazo.
-No me
toques.
-Pero..-dijo
él- ¿Porqué no?
-Sergio,
te ha dicho que no la toques- ambos nos giramos ante esa voz.
Agradecí que apareciese Eric. Se acercó a Sergio y lo cogió para
llevarlo para dentro. Le sonreí en modo de agradecimiento. Me
levanté y me dirigí al lado de la piscina, me quité los zapatos y
metí los pies dentro del agua. Me mataba usar tacones, no estaba
acostumbrada. Bebí un poco más de agua y en mi fuero interno me
prometí no beber nunca más alcohol, una promesa que en la próxima
fiesta seguramente acabaría rompiendo. Sonreí ante tal pensamiento.
-¿Puedo
sentarme?- me giré y le sonreí.
-Claro-
Eric se sentó justo a mi lado.
Nos
quedamos en silencio mientras yo moví los pies dentro del agua, él
tenía una de sus manos apoyadas en el césped, cerca de la mía,
como si quisiera tocarla pero que había algo que le impedía acortar
la poca distancia que quedaba. Suspiré y le miré.
-¿Porqué
me buscabas?- le pregunté y sonrió.
-Por
nada en especial- me dijo- Solo quería estar un rato contigo.
-¿Aún
sabiendo que mi hermano está ahí dentro y puede salir en cualquier
momento?
-No me
importa- dijo.
-No
siempre dices lo mismo- le dije y sonrió.
-Lo
sé- respondió- Pero la gente puede cambiar de opinión, ¿no?
Le
miré y sonreímos.
-¿Sabes
qué?- me dijo aguantándose la risa- He estado en la habitación de
tu hermano y me ha enseñado unas fotos tuyas de cuando eras pequeña.
-Oh
no- pegué un leve chillido- Yo lo mato- reí- Siempre hace lo mismo.
Nos
miramos unos segundos y noté su mano sobre la mía, se atrevió a
ajuntar nuestros dedos sin importar qué era lo que podía pasar.
Recuerdo
que cada palabra que salía de su boca me encantaba más; descubrí
que era un amante del fútbol, que su número favorito era el ocho,
que le gustaba el rap, que odiaba madrugar, que quería viajar a
Londres, quizás Nueva York o Japón, que le daban miedo las alturas.
Descubrí que se le formaban los hoyuelos al sonreír, descubrí que
tenía una peca en el lado derecho de su cuello. Recuerdo que me
decía que le encantaba dibujar, tocar la guitarra y salir de fiesta.
Me contó que nunca se había enamorado y que tenía miedo a hacerlo.
Él reía y yo le imitaba. Hablábamos entre pequeñas sonrisas,
miradas brillantes y, en ocasiones, me apartaba el pelo de la cara.
Jugamos con el agua de la piscina y me contó que tenía una cicatriz
en la rodilla porque de pequeño se hizo daño. Le conté que yo
también tenía cicatrices, de esas que no se veían. Me dolía la
cara de tanto reír. Y en ese intervalo de tiempo nunca soltó mi
mano, era como si le hiciese falta tenerla cerca para sentirse bien.
En una
de esas tantas risas miré el reloj, era un poco tarde y ni siquiera
me había dado cuenta de que el tiempo había pasado tan rápido.
-¿Te
has empezado a leer el libro?- dijo jugando con uno de mis anillos.
-¿Si
te digo que me queda poco para terminármelo te asustarás?- le dije.
-Un
poco- se río- ¿Cuando te lo has empezado a leer?
-En
clase- reí- No podía esperar y, además, no es muy largo el libro.
Me
miró sonriendo mientras negaba con la cabeza.
-¿Qué
pasa?- preguntó
-Nada-
respondió.
-No,
di- sonreí- ¿Qué pasa?
-Tú
pasas- respondió y ambos sonreímos. Moví los pies en el agua y él
dirigió su mirada hacia ellos- ¿No los tienes helados?
-Un
poco- dije y los saqué de dentro del agua.
-Te
pondrás enferma si no te los secas.
-No
importa- sonrío. Soltó mi mano y eché de menos el contacto. Vi
como se tumbaba en el césped y lo imité estirándome a su lado.
Nos
quedamos un rato en silencio pero no era uno de esos silencios
incómodos sino que era uno de aquellos que a veces necesitas y lo
hicimos nuestro. Me giré un segundo y le miré. Él estaba mirando
al cielo.
-¿En
qué piensas?- pregunté.
-En
que no quiero que se acabe ésta noche- se giró al acabar de decir
eso y se apoyó en uno de sus codos, mirándome desde arriba- ¿Y tú?
-Yo
tampoco quiero que se acabe- admití en un susurro.
Me
apartó el pelo de la cara y su mirada bajó a mis labios, como si
los quisiera besar. Se relamió los suyos e inconscientemente me
acerqué un poco a él intentando cortar la distancia. Hizo el
intento de besarme pero al final se arrepintió y me besó en la
mejilla. Aparté la mirada decepcionada.
-Lo
siento- susurró- No sé que me ha pasado, no sé porqué quería
besarte.
-No
importa- dije como si no me hubiese dolido- Será el efecto del
alcohol que te hace hacer cosas estúpidas y que no sientes- me volví
a sentar en el césped, quería irme.
-Luna-
me llamó y le miré- No es culpa del alcohol- respondió- Siento que
quiero besarte desde el primer día en que te vi pero no puedo-
aparté de nuevo la mirada, no quería que me viese débil. Me
levanté y cogí los zapatos para dirigirme de nuevo a dentro de casa
pero él me impidió entrar con su voz.
-Eh-
dijo- Espera- me giré y miré como se levantaba pero no se acercaba,
quizás tenía miedo a besarme, no sé, quizás no era lo suficiente
buena como para ser besada por él- ¿Te has fijado en lo bonita que
está la Luna?- miré hacia al cielo y no había rastro de la luna.
-Pero
si no se ve- respondí.
-No
estoy hablando de esa Luna- me sonrió y le obligué a mi corazón
que no me hiciese sonreír. Unas veces quería apartarme de él pero
luego venía con éstas cosas y yo no soy de piedra. Le miré y negué
con la cabeza.
-Adiós
Eric- respondí y me fui cerrando de un portazo.
Nadie
sabe qué pasó después; solo yo. Recuerdo que me encerré en la
habitación repitiéndome que eso era lo mejor, que no tenía porqué
ilusionarme por un tío que a la larga me rompería el corazón. Me
prometí no llorar, una promesa que con tan solo cruzar la puerta de
mi habitación, rompí.'
Como te dije, eres perfección en letras. Sigue asi.
ResponEliminamuchas gracias <33
EliminaEsta es sin duda la historia más bonita y a la vez dolorosa que he leido, sigue escribiendo así, cielo.
ResponEliminaAtentamente: Tu fan número uno. @__br0kenangel
mi chica, que preciosa eres. Muchas gracias cielo <3
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