tengo la manía de empezar a contar una historia por el final y acabar con el principio; prefiero empezar por lo malo y acabar por todo lo bueno, el primer beso, las primeras miradas, el primer 'hola'. Ese que lo cambia todo en ocasiones, y eso pasó. A veces aparece alguien que en tan solo un segundo sabes que va a dejar una marca en la existencia de por vida. Estás pensando en ese alguien, ¿verdad? Hacerlo no es malo al menos no lo es si al hacerlo no duele.

dissabte, 12 d’abril del 2014

A la larga me rompería el corazón.


IV


'Esa misma noche pasaron muchas cosas. Tantas que no sé por donde empezar.. Recuerdo que cada vez llegaba más gente a casa y yo queriéndolo o sin querer, no sé, lo buscaba con la mirada. Y cada vez que me giraba y no era él, me desilusionaba..no podía ser nada bueno. Decidí ir a la cocina con Lucía y le conté todo lo que había pasado, no era gran cosa pero yo desde siempre había sido muy enamoradiza y a la mínima me ilusionaba. Me prometí después de cortar con Toni- mi ex- que no volvería a caer por otro tío, que quería que pasara un tiempo hasta enamorarme de verdad pero por alguna extraña razón mi cuerpo no dejaba de reaccionar cada vez que Eric estaba cerca, era algo automático.
Quería dejar de pensar en ello, era mi cumpleaños y quería disfrutarlo y pasarlo a lo grande. Bailé, canté, bebí, grité, todo con Lucía. Sabía que esa sería una noche que siempre recordaría. Me fijé en el reloj y eran casi las tres de la madrugada. Tenía sed así que fui hacia la cocina, me separé de Lucia unos segundos.
Al llegar a la cocina abrí la nevera buscando un poco de agua. Al girarme vi a Eric apoyado en la barra. Me miraba con una sonrisa.

-Hola- susurré.

-Hola- me guiñó un ojo-¿Qué hacías?

-Buscar un poco de agua- moví la botella en mi mano- ¿Y tú?

-Buscarte- quiso acercarse a mi pero se abrió la puerta de la cocina. Era Denis.

Nos miró a ambos y aparté rápidamente la mirada de Eric.

-¿Qué hacíais?- preguntó.

-Yo he venido a buscar un poco de agua- le sonreí- Voy a tomar un poco el aire- miré de reojo a Eric y me despedí de ambos con la mano.

Me senté en las escaleras del jardín de la parte de atrás, no había nadie y lo preferí. Necesitaba despejarme un poco. Nunca sabía ponerle fin al alcohol y a veces necesitaba un respiro. Cerré los ojos durante unos segundos mientras intentaba relajarme. No sé cuanto tiempo pasé con los ojos cerrados pero la verdad que no me importaba, necesitaba pensar un poco en todo lo que estaba pasando, tenía miedo y yo nunca lo había tenido.
Volví a la realidad cuando noté que alguien se sentaba a mi lado y me giré asustada. Era Sergio, el amigo de mi hermano.

-¿Qué haces aquí?- se rió. No iba muy bien que digamos.

-¿Sabes que el vestido que llevas te queda muy bien?- puso una de sus manos en mis piernas y le di un manotazo.

-No me toques.

-Pero..-dijo él- ¿Porqué no?

-Sergio, te ha dicho que no la toques- ambos nos giramos ante esa voz. Agradecí que apareciese Eric. Se acercó a Sergio y lo cogió para llevarlo para dentro. Le sonreí en modo de agradecimiento. Me levanté y me dirigí al lado de la piscina, me quité los zapatos y metí los pies dentro del agua. Me mataba usar tacones, no estaba acostumbrada. Bebí un poco más de agua y en mi fuero interno me prometí no beber nunca más alcohol, una promesa que en la próxima fiesta seguramente acabaría rompiendo. Sonreí ante tal pensamiento.

-¿Puedo sentarme?- me giré y le sonreí.

-Claro- Eric se sentó justo a mi lado.

Nos quedamos en silencio mientras yo moví los pies dentro del agua, él tenía una de sus manos apoyadas en el césped, cerca de la mía, como si quisiera tocarla pero que había algo que le impedía acortar la poca distancia que quedaba. Suspiré y le miré.

-¿Porqué me buscabas?- le pregunté y sonrió.

-Por nada en especial- me dijo- Solo quería estar un rato contigo.

-¿Aún sabiendo que mi hermano está ahí dentro y puede salir en cualquier momento?

-No me importa- dijo.

-No siempre dices lo mismo- le dije y sonrió.

-Lo sé- respondió- Pero la gente puede cambiar de opinión, ¿no?

Le miré y sonreímos.

-¿Sabes qué?- me dijo aguantándose la risa- He estado en la habitación de tu hermano y me ha enseñado unas fotos tuyas de cuando eras pequeña.

-Oh no- pegué un leve chillido- Yo lo mato- reí- Siempre hace lo mismo.

Nos miramos unos segundos y noté su mano sobre la mía, se atrevió a ajuntar nuestros dedos sin importar qué era lo que podía pasar.
Recuerdo que cada palabra que salía de su boca me encantaba más; descubrí que era un amante del fútbol, que su número favorito era el ocho, que le gustaba el rap, que odiaba madrugar, que quería viajar a Londres, quizás Nueva York o Japón, que le daban miedo las alturas. Descubrí que se le formaban los hoyuelos al sonreír, descubrí que tenía una peca en el lado derecho de su cuello. Recuerdo que me decía que le encantaba dibujar, tocar la guitarra y salir de fiesta. Me contó que nunca se había enamorado y que tenía miedo a hacerlo. Él reía y yo le imitaba. Hablábamos entre pequeñas sonrisas, miradas brillantes y, en ocasiones, me apartaba el pelo de la cara. Jugamos con el agua de la piscina y me contó que tenía una cicatriz en la rodilla porque de pequeño se hizo daño. Le conté que yo también tenía cicatrices, de esas que no se veían. Me dolía la cara de tanto reír. Y en ese intervalo de tiempo nunca soltó mi mano, era como si le hiciese falta tenerla cerca para sentirse bien.
En una de esas tantas risas miré el reloj, era un poco tarde y ni siquiera me había dado cuenta de que el tiempo había pasado tan rápido.

-¿Te has empezado a leer el libro?- dijo jugando con uno de mis anillos.

-¿Si te digo que me queda poco para terminármelo te asustarás?- le dije.

-Un poco- se río- ¿Cuando te lo has empezado a leer?

-En clase- reí- No podía esperar y, además, no es muy largo el libro.

Me miró sonriendo mientras negaba con la cabeza.

-¿Qué pasa?- preguntó

-Nada- respondió.

-No, di- sonreí- ¿Qué pasa?

-Tú pasas- respondió y ambos sonreímos. Moví los pies en el agua y él dirigió su mirada hacia ellos- ¿No los tienes helados?

-Un poco- dije y los saqué de dentro del agua.

-Te pondrás enferma si no te los secas.

-No importa- sonrío. Soltó mi mano y eché de menos el contacto. Vi como se tumbaba en el césped y lo imité estirándome a su lado.

Nos quedamos un rato en silencio pero no era uno de esos silencios incómodos sino que era uno de aquellos que a veces necesitas y lo hicimos nuestro. Me giré un segundo y le miré. Él estaba mirando al cielo.

-¿En qué piensas?- pregunté.

-En que no quiero que se acabe ésta noche- se giró al acabar de decir eso y se apoyó en uno de sus codos, mirándome desde arriba- ¿Y tú?

-Yo tampoco quiero que se acabe- admití en un susurro.

Me apartó el pelo de la cara y su mirada bajó a mis labios, como si los quisiera besar. Se relamió los suyos e inconscientemente me acerqué un poco a él intentando cortar la distancia. Hizo el intento de besarme pero al final se arrepintió y me besó en la mejilla. Aparté la mirada decepcionada.

-Lo siento- susurró- No sé que me ha pasado, no sé porqué quería besarte.

-No importa- dije como si no me hubiese dolido- Será el efecto del alcohol que te hace hacer cosas estúpidas y que no sientes- me volví a sentar en el césped, quería irme.

-Luna- me llamó y le miré- No es culpa del alcohol- respondió- Siento que quiero besarte desde el primer día en que te vi pero no puedo- aparté de nuevo la mirada, no quería que me viese débil. Me levanté y cogí los zapatos para dirigirme de nuevo a dentro de casa pero él me impidió entrar con su voz.

-Eh- dijo- Espera- me giré y miré como se levantaba pero no se acercaba, quizás tenía miedo a besarme, no sé, quizás no era lo suficiente buena como para ser besada por él- ¿Te has fijado en lo bonita que está la Luna?- miré hacia al cielo y no había rastro de la luna.

-Pero si no se ve- respondí.

-No estoy hablando de esa Luna- me sonrió y le obligué a mi corazón que no me hiciese sonreír. Unas veces quería apartarme de él pero luego venía con éstas cosas y yo no soy de piedra. Le miré y negué con la cabeza.

-Adiós Eric- respondí y me fui cerrando de un portazo.


Nadie sabe qué pasó después; solo yo. Recuerdo que me encerré en la habitación repitiéndome que eso era lo mejor, que no tenía porqué ilusionarme por un tío que a la larga me rompería el corazón. Me prometí no llorar, una promesa que con tan solo cruzar la puerta de mi habitación, rompí.'


4 comentaris:

  1. Como te dije, eres perfección en letras. Sigue asi.

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  2. Esta es sin duda la historia más bonita y a la vez dolorosa que he leido, sigue escribiendo así, cielo.
    Atentamente: Tu fan número uno. @__br0kenangel

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