tengo la manía de empezar a contar una historia por el final y acabar con el principio; prefiero empezar por lo malo y acabar por todo lo bueno, el primer beso, las primeras miradas, el primer 'hola'. Ese que lo cambia todo en ocasiones, y eso pasó. A veces aparece alguien que en tan solo un segundo sabes que va a dejar una marca en la existencia de por vida. Estás pensando en ese alguien, ¿verdad? Hacerlo no es malo al menos no lo es si al hacerlo no duele.

divendres, 18 d’abril del 2014

Ella era lo único bueno que tenía.



VIII

'Recuerdo que me pasé media tarde esperando su llamada y cuando creía que no iba a llegar sonó el teléfono. Esperé que sonara unas cuantas veces para que no pensara que estaba esperando con ansias su llamada. Lo cogí.

-¿Diga?- respondí.

-Hola nena- le escuché decir-¿Te va bien que pase a recogerte ahora?

-Pensaba que no me llamarías- respondí.

-A veces tu hermano es muy pesado- empezó a reír y le imité- He tenido que decirle que salía con una chica para que se callara.

-¿Le has dicho que esa chica soy yo?- pregunté nerviosa.

-No- admitió- Aún no estoy preparado para que me eche la charla de hermano mayor- reí- ¿Qué me dices? ¿Te va bien?- preguntó.

-Sí- dije- Dame unos minutos que acabe de prepararme.

-Vale- respondió- En cinco minutos estoy ahí.

-Perfecto- respondí y se quedó callado al otro lado, sabía que él estaba sonriendo de la misma forma que sonreía yo- ¿No piensas colgar?

-Esperaba que lo hicieses tú.

-Adiós Eric- suspiré y lo escuché reír. Separé el teléfono de mi oreja para darle a colgar pero le escuché hablar.

-Luna- susurró.

-¿Qué?

-Nada..solo que- hizo una pausa haciéndose esperar, quería matarlo- Tengo muchas ganas de verte- matarlo, sí, pero a besos. Sonreí como una tonta, como siempre hacía cuando estaba con él y colgé. 

Acabé de prepararme, no sé porqué quería darle una buena impresión, como si tuviese que ponerme perfecta para él, sencilla pero perfecta. Me miré al espejo y escuché como alguien tocó el claxon y me asomé a la ventana. Era él. Me mordí el labio y bajé corriendo las escaleras. Escribí una nota que dejé pegada en la nevera poniendo 'Denis, he salido con Lucía, vendré más tarde. Estaré bien, no te preocupes. Te quiere, tu pequeña Luna.' Yo ya me había encargado de decirle a Lucía que si mi hermano le preguntaba, había pasado la tarde con ella.

Salí de casa y me subí al coche. Me miró con una sonrisa y susurré un 'hola'. 

-¿No piensas saludarme?- preguntó.

-Acabo de hacerlo- se rió y se desabrochó el cinturón. Acercó su cara a la mía para besarme mientras una de sus manos iba a mis piernas. Le rodeé el cuello con mis brazos y empezamos a besarnos como si hubiéramos pasado meses lejos el uno del otro cuando en realidad solo habían pasado unas horas. Lentamente subía la mano hacía arriba, poniéndome nerviosa. Me separé un poco de él para coger aire, sonreí, parecía muy dispuesto a matarme a besos y para que engañarnos, que buena forma de morir. Puse una de mis manos encima de la suya para que parase.

-Me pones nerviosa- admití y entrelazó nuestras manos.

-Me gusta ponerte nerviosa- sonrió y volvió a ponerse bien en su asiento. Se abrochó el cinturón y arrancó el coche.

Me giré en mi asiento para poder ver cada uno de sus gestos al conducir, de vez en cuando se giraba y me pillaba mirándole cosa que hacía que se mordiese el labio y sonriera.

-No hagas eso- le pedí.

-¿El qué?- preguntó haciendo ver que no entendía de lo que le estaba hablando.

-Morderte el labio- admití- Haces que quiera besarte.

-Hazlo- sonrió.

-¿Qué quieres que tengamos un accidente?- detuvo el coche y le miré frunciendo el ceño. ¿Había detenido el coche solo para besarme?- ¿Qué haces?- pregunté.

-Hay un semáforo- señaló y lo miré. Tenía razón, que tonta había sido. Negué con la cabeza- Luna- me llamó y me giré. Volvió a acercarse a mi- No llega a haber ese semáforo y me hubiese parado para besarte- admitió y sonreí. Acerqué una de mis manos a su nuca y la acaricié. Cerró los ojos y le besé. Le besé y me dejó de importar si el semáforo estaba en verde, si la gente de detrás se quejaba, no me importaba que me viera alguien conocido..colgada de sus labios todo el mundo parecía carecer de importancia. Y eso podía ser bueno hasta cierto punto, ¿qué pasaría si al final tienes que olvidar a aquella persona que te hace olvidar absolutamente todo? Ese pensamiento me daba miedo, mucho. Decidí separarme de él y le indiqué que el semáforo ya estaba en verde. Arrancó de nuevo sin saber donde me llevaba pero a estas alturas no me importaba si él estaba conmigo. 

Aparcó el coche delante de una casa, supongo que sería la suya. Le miré y me guiñó el ojo. Me bajé del coche y se acercó a mi para agarrarme la mano. Le seguí y al llegar a la puerta sacó unas llaves.

-¿Es tu casa?- pregunté.

-Sí- respondió y me sonrió. Abrió la puerta y me dejó pasar a mi primero. Era enorme. No podía dejar de observar cada rincón pero me puse nerviosa cuando noté que me abrazó por detrás y se apoyó en uno de mis hombros-¿Qué te parece si vemos una película?- me giré para mirarle- Estás tensa, ¿todo bien?- asentí. Me agarró de la mano y subimos hacia el piso de arriba. Me llevó a su habitación y me dijo que me pusiera cómoda. Se fue y preferí mirar las fotos que tenía colgadas en un corcho. Eric de pequeño era adorable y a día de hoy seguía con los mismos encantos que de pequeño. Seguía teniendo ese hoyuelo que tanto me gustaba besar, esa sonrisa que a cualquier tía volvería loca, incluso a mi que siempre había dicho que no volvería a fijarme en otro tío. Escuché pasos así que supuse que era Eric que ya venía, me giré y me miró con una sonrisa. Llevaba un bol de palomitas y me hizo un gesto para que me tumbase en la cama. Obedecí y puso una película para luego tumbarse a mi lado.

-¿Ya estabas mirando mis cosas?- río.

-Soy muy cotilla, ya lo sabes- reí.

-¿Verdad que era un encanto de pequeño?- asentí- Lo sigo siendo, no hace falta que me lo digas.

-A veces eres insoportable- reí.

-Pero así te gusto- le miré y me guiñó de nuevo el ojo.

-Más quisieras- empezó la película y le miré de reojo- ¿Es de miedo?- asintió- Si la has puesto para que te abrace lo llevas claro porque adoro las películas de miedo.

-Mierda- susurró y reí.

-No tienes que poner una película para que te abrace- le miré de reojo y dejó las palomitas a un lado. Se apoyó en uno de sus codos y le miré. Me apartó el pelo de la cara y se acercó a besarme. Primero solo rozó sus labios con los míos pero al paso de los segundos se le unieron nuestras lenguas. A veces, cuando sonreíamos mientras nos besábamos nuestros dientes chocaban y eso hacía que sonriésemos aún más y eso me encantaba. Me separé un poco de él y acaricié de nuevo su nuca. Me sonrió mientras cerraba los ojos. Siempre me había gustado que con solo tocarle tuviese ese efecto en él.
Cuando abrió los ojos de nuevo se acercó a mi cuello para besarlo, lentamente. Empezó dándome pequeños besos para luego subir a mi mandíbula y acabar besándome en los labios. No sé como pero terminó subiéndose encima de mi, no quería apoyarse como si al hacerlo pudiese romperme. Le sonreí y noté una de sus manos en mi pierna. Él no sabía que ese tipo de caricias podían conmigo. Cerré los ojos y puse mis manos en su pecho para separarlo de mi.

-Eric- susurré y me miró- No.

Al entender lo que quise decir se bajó de encima y se sentó a mi lado. Lo miré de reojo, parecía cabreado.

-Lo siento- dije.

-Yo también- respondió y fruncí el ceño. Se puso a ver la película como si no hubiese pasado nada. Yo le seguía mirando, ¿qué mosca le había picado? 

-Eric- le dije pero pasaba de mi- Eric- le toqué el brazo y puso la película en pause. 

-¿Qué?- preguntó con un tono de voz muy seco.

-¿Qué es lo que pasa?- pregunté-¿Te ha molestado que te haya dicho que no?

-Sí- respondió- Me besas y luego dices que no, ¿sabes? Hay veces que los tíos necesitamos más que besos.

-¿Que te beso?- le dije cabreada y me levanté de la cama-Has sido tú el que ha empezado a besarme.

-Dos no se besan si uno no quiere- me echó en cara. Me puse los zapatos, dándole la espalda, no quería mirarle porque sabía que si lo hacía me echaría a llorar y él ya me había visto llorar lo suficiente, me quedaba aún un poco de orgullo para fingir ser fuerte delante suya.

-Si lo único que quieres es follar conmigo lo llevas claro- le chillé. Me miró con miedo al decirle tales palabras.

-Yo no he dicho eso- respondió y se levantó para acercarse a mi.

-¿Ah no?- le miré- Te repito- intenté imitar su voz- Hay veces que los tíos necesitamos más que besos.

-Luna- intentó tocarme- No quería decir exactamente eso.

-Pues es lo que has dicho- me separé de él- No me toques- se acercó un poco más pero le señalé con el dedo- No te acerques, joder- me miró a los ojos y sé que notó que tenía ganas de llorar.

-¿A qué le tienes miedo?- preguntó, sabía que quería acercarse a mi pero intentaba no hacerlo.

-No voy a poder darte todo lo que tú quieras cuando tú quieras- le miré- Lo siento.

-Luna.

-Que no soy como todas las que has estado- le miré cabreada.

-Lo sé- me dijo- Y eso es lo que más me gusta de ti.

Dejé de mirarle, si lo hacía me echaría a llorar.

-Luna- se acercó y le dejé- No quiero que pienses que solo te quiero para un rato. Me he equivocado de palabras- se calló de golpe y le miré- Entiende que al besarte siempre quiero más- se rió y me sonrojé- No sabes las ganas que tengo de ti y, a veces, intento controlarme pero me cuesta- me acarició una de mis mejillas- No tengas miedo a lo que sientes, nena- me besó levemente- No quiero que te vayas.

-Ni yo quiero irme.

-Quédate- me pidió y le rodeé el cuello con mis brazos- Pero no te quedes solo hoy- sonrió- Mañana también- me besó- Y el otro- volvió a besarme- Y así todos los días- sonreí. Me cogió a horcajadas y rodeé su cintura con mis piernas. Cerró los ojos y suspiró- Luna- me llamó.

-¿Qué?- pregunté.

-¿Sabes que eres lo único bueno que tengo?

Recuerdo eso como si fuese ayer, recuerdo todas y cada una de sus palabras. Ese 'eres lo único bueno que tengo' que me caló bien hondo pero supongo que no era tan buena como para seguir aquí conmigo el resto de su vida. De un día para otro la cosa cambió, y ambos tuvimos que seguir con nuestras vidas, por separado. Él su camino y yo el mío. Seguí con mi vida deseando estar en la suya pero hay veces que las cosas no son como queremos. 
Yo siempre había deseado tener uno de esos típicos amores de películas que a pesar de las circunstancias, los protagonistas acaban juntos pero cuando la película llega al final no sabemos si siguen juntos o el chico conoce a otra chica que hace que se pire. A partir de ahí pensé que lo mejor era tener un amor de libro, esa historia que queda para toda la vida escrita en esas páginas pero tampoco me parecía suficiente y decidí tener mi propia historia de amor que por desgracia no tenía final feliz, y es que, a veces, no hay final feliz porque nos merecemos otra historia de amor mejor, otra persona mejor pero no siempre la hay. Y por eso estoy aquí, recordando mi historia porque sé que no hay otro chico mejor para reescribirla y tampoco quiero a otro.'

4 comentaris:

  1. Pocas historias consiguen que acabe llorando. Lastima que todo haya acabado, porque parece la historia que todas queremos vivir.

    ResponElimina
    Respostes
    1. Las cosas buenas no siempre duran como a nosotros nos gustaría y es una pena.

      Elimina
  2. Me encanta la historia, es que es totalmente perfecta de verdad. Estoy deseando el siguiente capítulo.

    ResponElimina