tengo la manía de empezar a contar una historia por el final y acabar con el principio; prefiero empezar por lo malo y acabar por todo lo bueno, el primer beso, las primeras miradas, el primer 'hola'. Ese que lo cambia todo en ocasiones, y eso pasó. A veces aparece alguien que en tan solo un segundo sabes que va a dejar una marca en la existencia de por vida. Estás pensando en ese alguien, ¿verdad? Hacerlo no es malo al menos no lo es si al hacerlo no duele.

dimarts, 15 d’abril del 2014

Él es esa herida que nunca cicatriza.


VI

'Recuerdo que la felicidad que me dio en ese momento pensaba que no me la podía quitar nadie y al final me la quitó él mismo. ¿Cómo? os preguntaréis, esperad unos segundos y ahora os lo cuento. 

A día de hoy aún cierro los ojos y es como si aun sintiera ese primer beso, no fue el único en esa habitación, después del primero vino el siguiente, me besaba sin dejarme respirar para compensar los segundos que no habíamos estado juntos. Recuerdo el primer beso pero también recuerdo todos los demás, con él era como si cada beso fuese el primero. Teníamos miedo, miedo a que viniese mi hermano y rompiera la burbuja en la que estábamos, miedo a no querer separarnos. Esa tarde me dí cuenta de que pasaría mucho tiempo enganchada a sus labios y colgada de su cuello. Recuerdo que, él, me acercaba más a su cuerpo como si notase que la ropa ya nos separaba suficiente. A veces, se separaba un poco para mirarme y parecía como si sus ojos se quedaran con cada centímetro de mi rostro para recordarlo más tarde, y para qué mentir, yo también lo hacía. Me encantaba mirarle y ver el hoyuelo en su mejilla derecha o ver como sus ojos marrones me quitaban el aliento, nunca sabías lo que escondían. Había algo que siempre me había gustado desde el primer momento en que me fijé en él, sus pecas. Tenía la cara llena y para ese entonces ya deseaba poder besar a cada una de ellas. Acariciarlas y quizás empezarlas a querer. Pero.. eso no iba a durar para siempre. Al final tuvo que irse para que mi hermano no nos descubriera. Parecía que le costaba, me cogió la cara entre sus manos por última vez y después de rozar nuevamente mi nariz volvió a besarme de la manera más tierna que nunca, en toda mi vida, me habían besado. Recuerdo que él tenía la manía de morderse el labio al separarse de mis labios. Me acarició una de mis mejillas y me besó la frente. Un gesto que me sorprendió pero a la vez me pareció bonito, era como si con ese beso me hubiese dicho que todo iba a estar bien. Pasara lo que pasara.

Pero no tenía pinta de que las cosas fuesen fáciles. 


Me desperté feliz, todo hay que decirlo pero todo cambió. Eso es lo que pasa cuando empiezas a dejar que tu estado de ánimo dependa de otra persona que no eres tú. Supongo que eso no logra controlarlo nadie.  
La mañana iba bien pero como no, las cosas cambiaron un poco cuando me encontré a mi hermano y a sus amigos delante de mi taquilla. Miré a Denis primero para luego mirar a Eric, me sonrío y qué ganas de besarle la sonrisa. 

-¿No llegará el día en que te canses de venir a buscarme y utilices el teléfono para decirme lo que tengas que decirme?- le dije.

-Yo también te he echado de menos enana- respondió y me besó en la mejilla- ¿Podrás volver a casa con Lucía?- preguntó- Hoy voy a salir con los chicos.

-Sabes que sí- respondí y miré a Eric. Mi hermano me pilló y se giró.

-¿Qué tanto le miras?- me dijo y me puse nerviosa. Intenté buscar una excusa.

-Nada- respondí- Solo que tiene mala cara- parecía cansado, la verdad.  

-Eso le pasa por salir de fiesta cuando no toca- respondió- Y por dormir en cama ajena- se rieron todos menos Eric.

No sabía si reír o llorar. Mi corazón se decantaba por la segunda opción pero no dejé que nadie lo viese.

-Que se aguante- reí y mi hermano me imitó- Me voy chicos, tengo cosas que hacer- me giré pero mi hermano me agarró por la muñeca, él me conocía demasiado bien. 

-¿Estás bien?- me miró extrañado.

-Sí- respondí forzándome a sonreír- A mi no me pasa nada, solo que hay un capullo que quiere hacerme la vida imposible. 

-Dime quien es y le pateo el culo- me guiñó el ojo.

-Hazlo antes de que patee mi corazón- admití pero..ya era tarde, ya lo había hecho.

-Que ni lo intente- le dí un beso en la mejilla y me solté de su agarre. Antes de irme volví a mirar a Eric, podía arrepentirse de lo que había hecho si quería pero a mi me seguiría doliendo igual, joder. 

Y me fui. 
Me costaba no romper a llorar en medio del pasillo. Caminaba entre la gente como si no hubiese pasado nada, me miraban y en ese momento me paré a pensar en algo...'¿quién sabe si alguna de éstas personas está pasando por su peor momento y ni lo sabes?' No era el peor momento de mi vida, claro que no, pero dolía. Parecía como si el tiempo fuese más lento o quizás el problema era mío, que era demasiado tonta ilusionándome por un tío que ya sabía como era. Un tío que cuando está contigo te dice las cosas más bonitas que nunca has oído pero que cuando te piras le da igual estar con otra. No podía enfadarme, no éramos nada pero, joder, yo sentía que desde el primer beso ya éramos algo, como si hubiese significado algo para ambos pero, como siempre, solo significaba para mi. 

Me encerré en uno de los lavabos. Me senté en la taza y me abracé a mis piernas para luego llorar en silencio. No sé cuanto tiempo pasó. Quizás una hora, dos, no sé. Parecía que no iba a parar pero tuve que hacerlo cuando se escucharon dos toques en la puerta.

-No hay nadie- respondí.

-Mira que llegas a ser tonta- oí su voz al otro lado de la puerta. 

-Será mejor que te vayas si no quieres que te pegue. 

-No te atreverías pequeña- respondió. Nos quedamos unos segundos en silencio- Va, déjame que te explique. 

-No hay nada que explicar, vete.

-Luna- me llamó- O me abres o te juro que no tendré ningún problema en tirar la puerta abajo.

Me levanté de la taza y quité el pestillo. Me eché hacia detrás para poder abrir la puerta y Eric me miró. Se le borró la sonrisa al ver el rastro de lágrimas en mis mejillas. Entró en el lavabo y cerró la puerta, yo volví a sentarme. Quería distancia porque si le tenía cerca no pensaría con claridad. 
Se agachó delante de mi y dejé de mirarle. 

-Siempre haces lo mismo- susurró y le miré al escucharlo.

-No sé a qué te refieres.

-Cuando estoy muy cerca tuya apartas la mirada como si tuvieras miedo- y tenía razón pero no iba a admitirlo delante de él. 

-Tonterías- respondí.

-Tonta- me dijo- Eres tonta por llorar por alguien como yo.

-No te creas el ombligo del mundo- dije.

-¿No llorabas por mi?- intentó no sonreír, le hubiese pegado o quizás le habría matado a besos- Siempre puedes decirme por quien lloras y voy a pegarle.

-Pues empieza a pegarte- respondí sin pensar y acercó sus manos a mis mejillas para secar el rastro de lágrimas.

-No me gusta que llores- dijo en un susurro.

-Y a mi no me gusta que me hagas llorar.

-Das por hecho cosas que no son sin preguntar Luna.

-No te entiendo- dije.

-Lo que ha dicho tu hermano no es del todo cierto- me miró- He dormido en mi casa- me explicó- Pero ayer salí y me encontré a mi ex- fruncí el ceño- Y..hablé con ella. 

-¿Pasó algo con ella?- me maldecí internamente por dejar hablar a mi corazón antes de pensar.

-¿Crees que sería capaz de ello?- preguntó.

-No sé- me mordí el labio- Dímelo tú.

-Luna- me llamó y se puso de pie. Me dio su mano y me levanté. No la soltó y me acercó a él- Sería incapaz- respondió- Escúchame bien- me pidió- No podría haber pasado nada con ella después de haberte besado- sonreí como una tonta, no podía controlarlo- Y más si planeo seguir besándote- se acercó a mis labios pero lo esquivé haciendo que me besara en la mejilla- Odio que me hagas eso- se rió pero se le borró la sonrisa al mirarme- ¿Qué pasa?

-Nada- respondí.

-No te creo- me apartó el pelo de la cara- Y no voy a besarte hasta que me lo digas.

-Solo que..-cerré los ojos unos segundos y suspiré. Al abrirlos lo solté sin pensar- Tengo miedo..

-Yo también- susurró- Pero no me importa tenerlo si estoy contigo, cariño.

Y eso me pudo más que cualquier otra cosa. Me acerqué a sus labios pero ésta vez fue él quién se apartó. Sonreí en su mejilla y sus manos se dirigieron a mis caderas. Me separé un poco para mirarle a la cara y le pillé mordiéndose el labio. Negué con la cabeza.

-¿Qué?- preguntó.

-Me encantas- susurré encima de sus labios y pillé su labio inferior entre mis dientes para morderlo. Parecía como si de sus labios se viese mucho mejor el mundo. Pagaría un billete para quedarme ahí toda una vida si pudiese.

Y le besé, le besé como se besan dos personas que se quieren, con ganas, con ternura y quizás un poco de pasión. Y tenía la tonta necesidad de no soltarle por un tiempo. Un tiempo o toda una vida, quién sabe. Pero, a veces, el concepto de 'toda una vida' o un 'siempre' no duran el tiempo que queremos, a veces acaban antes de que quieras darte cuenta. De un día para otro cambian mucho las cosas, hoy tienes algo que quizás mañana ya no. Y supongo que eso fue lo que me pasó, yo estaba convencida de que esto que estaba empezando podría durar toda una vida pero solo hace falta mirarme para darse cuenta de que no, que aquello que más quieres, a la larga, lo pierdes..

..y una se cansa de perder. Que no hay día que no llore su pérdida, y aun sabiendo que se irá volvería a hacerlo. A veces me pregunto si él volvería a hacerlo pero no estoy preparada para oír esa respuesta ni tampoco para que me rompa un poco más mi corazón si es que eso es posible. A veces creo que ya no se puede romper más, no hay ni un trozo que se salve sin uno de sus rasguños. Y sé que aunque pase el tiempo que pase, él seguirá siendo esa herida que nunca cicatriza. 





1 comentari:

  1. Ann... creo que estoy enamorada de tus palabras. Enamorada de ti y de cada una de tus heridas sin cicatrizar. Nunca dejes de escribir. Y gracias por todo, pequeña.

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