tengo la manía de empezar a contar una historia por el final y acabar con el principio; prefiero empezar por lo malo y acabar por todo lo bueno, el primer beso, las primeras miradas, el primer 'hola'. Ese que lo cambia todo en ocasiones, y eso pasó. A veces aparece alguien que en tan solo un segundo sabes que va a dejar una marca en la existencia de por vida. Estás pensando en ese alguien, ¿verdad? Hacerlo no es malo al menos no lo es si al hacerlo no duele.

dissabte, 26 d’abril del 2014

Si quieres tanto a alguien no le haces el daño que él me hizo.


X


'Esa noche lo eché de menos y no fue la única. Lo peor es echarle en falta después de saber lo que se siente al dormir a su lado, para ese entonces no sabía lo que sentiría pero ahora que ya sé lo que se siente no sabéis lo mucho que necesito tenerle aquí. Me giro en la cama y no está; solo hay un hueco vacío que seguirá así porque dudo que exista alguien que pueda llenar el espacio que él ha dejado. Tampoco quiero darme la vuelta en la cama y encontrarme otros ojos que no sean los suyos, ni otra mano que me acerque a él, ni colgarme de otros labios que no tengan la misma forma que los suyos. Así tan apetecibles. Recuerdo que había noches que me despertaba a las tantas, quizás a las tres pero hubo una que eran las cuatro y cincuenta y seis, me despertó a besos. Me dijo que había tenido una pesadilla; que me perdía y al despertar había tenido miedo de no encontrarme. Ahora me río, parece que ya no tiene miedo de levantarse al lado de otra como hace pero bueno..ya tendré tiempo para contaros todo lo que pasó hasta llegar a ese punto de la historia.

Nunca le dije lo mucho que lo necesité esa noche y todas las siguientes. A veces, tenía la necesidad de llamarle y decirle que viniese, que tenía miedo y necesitaba que me sostuviera entre sus brazos. Pero también tenía miedo de que las cosas fueran tan rápido, tenía miedo de implicarme emocionalmente con él. Pero para qué mentirnos, a esas alturas ya lo había hecho. Se había metido debajo de mi piel, y no tenía pinta de pirarse de ahí, tampoco quería que lo hiciera. Aunque debo admitir que una parte de mi quería echarlo de mi vida, ¿por qué? os preguntaréis; quería decirle que se fuera, que no me quisiera porque si lo hacía, yo ya encontraría la forma de meter la pata y él se iría. Preferiría sacarlo de mi vida antes de sentir que ya era demasiado tarde..

..pero ya era tarde, al menos para mi.

Si le pedía que se fuera solo sería para oírle decir 'no pienso irme a ninguna parte'. De todas formas, eso me lo dijo millones de veces, y yo no veo que siga aquí, ¿vosotros los veis? Pero no quiero irme por las ramas con éste tema, no es que guarde rencor porque se haya pirado- que puede que también- es más nostalgia, que le echo de menos, joder.

__


Sonó el despertador, era viernes y nadie tiene ni la más remota idea de las ganas que tenía que llegase este día. Luna y yo habíamos quedado para ir al cine, y la semana se me había hecho eterna, nunca llegaba el momento de tenerla solo para mi. No era normal ni bueno ni tampoco sano tener tantas ganas de estrecharla entre mis brazos, pero tenía esa tonta necesidad de hacerlo y no soltarla. Al menos durante un tiempo, decir siempre sería demasiado. 
Me preparé para ir a clase, no quería llegar tarde. Tenía ganas de verla, cruzármela por los pasillos como cada mañana, que me sonría y que yo le guiñe el ojo sin que Denis me vea. O besarnos a escondidas en los lavabos, quizás rozarle la mano sin querer, o queriendo, cuando los pasillos estén llenos de gente. 

O quizás podía mirarla para recordar cada milímetro de ella para cuando no la tenga conmigo. 

Ese día recuerdo que no tuve la oportunidad de besarla como me hubiese gustado, tenía ganas de besarle esa sonrisa tan bonita que siempre me dedicaba. No sé qué me pasaba que cuando pensaba en ella estaba en mi mundo, tanto que Denis tuvo que darme un toque en el hombro para así bajar de mi mundo. 

-¿Qué te pasa?- preguntó.

-No- le miré- ¿Qué te pasa a ti? El que lleva esa cara de asco todo el día eres tú no yo.

-No es nada- dijo.

-Suéltalo- se pasó una mano por el pelo nervioso y me miró serio.

-Creo que me gusta Lucía- admitió y solté una carcajada.

-Hombre, por fin lo admites- dije y frunció el ceño-¿Qué?- le miré- ¿Acaso crees que la gente no se ha dado cuenta de ello?

-¿Estás de coña?

-No- me puse serio- Se te nota tanto a ti como a ella que os gustáis pero parece que no quieras nada con ella.

-No es eso.

-¿Entonces?

-Tío, que tiene la edad de mi hermana.

-¿Y qué me estás queriendo decir con eso?- me puse nervioso.

-Me tomarás por loco- confesó.

-¿Por qué dices eso?- le pasé una mano por el hombro para darle mi apoyo y se abriera a mi.

-A veces me paro a pensar y digo, ¿habrá algún tío de mi edad o incluso mayor que quiera hacerle a mi hermana todo lo que yo quiero hacerle a Lucía?- sonreí nervioso.

-Besarla, ¿quizás?- pregunté.

-Más que eso, tío. 

-Eso es normal cuando quieres a alguien- admití.

-Sí pero yo no estoy diciendo que quiera a Lucía, puede que esté pillado pero no..- se pasó una mano por el pelo- No sé, tengo demasiadas cosas en la cabeza.

-Tío- le palmeé el hombro- Arriésgate, si no lo haces puedes perder.

-Si lo hago también.

-Pero al menos lo habrás intentado- me sonrió y me guiñó el ojo, era su forma de darme las gracias- Y respecto a tu hermana..- me miró. No podía decirle la verdad- Sabes que en cualquier momento aparecerá otro tío como Toni, su ex, y puede que la enamore y la quiera.

-Pero es mi hermana pequeña, joder.

-Y Lucía es la hermana pequeña de Sergio. Éste debería matarte pero sin embargo no lo ha hecho aún sabiendo que te gusta ella- se puso serio, parecía empezar a entender la comparación que le estaba haciendo- ¿Que vas a proteger siempre a tu hermana de los tíos que se le acerquen y vas a hacer que esté sola? 

-No- admitió- Pero es que no creo que exista un chico que esté a la altura de Luna- en eso tenía razón- Y pensar que cualquier cabronazo puede partirle el corazón- negó con la cabeza- No me gusta pensarlo, los tíos de hoy en día solo piensan con la polla y no con la cabeza- parecía nervioso- Y no me digas que no.

-No te lo niego pero siempre hay excepciones- dije serio.

-Dime qué excepciones- dijo él. Pensé en mi pero ese pensamiento me lo guardé para mi. Sabía que le estaba fallando a Denis por ocultarle lo que teníamos su hermana yo, y ni siquiera sabía lo que teníamos. Solo sabía que yo la necesitaba tanto o más como ella me necesitaba a mi -¿En qué piensas?- me miró raro.

-Nada- sonreí- Solo deja que tu hermana haga lo que quiera con su vida.

-Lo intento pero últimamente la veo rara, habla mucho por teléfono, siempre dice que queda con Lucía pero no todas las veces es cierto. El otro día ví a Lucía en el centro comercial con su madre y Luna me había dicho que estaba con ella. Era mentira, tío- negó con la cabeza- Me duele que no tenga la suficiente confianza como para decirme lo que le pase y más que me mienta.

-¿No crees que si lo hace es porque tiene miedo a como vas a reaccionar?

-No voy a reaccionar de ninguna manera.

-¿No?- reí- Tú mismo has admitido más de una vez que romperías las piernas al tío que se le acercara.

-¿Y tú?- me preguntó y no entendí lo que quería decirme-¿Qué haces que la defiendes tanto?

-¿Yo?- me hice el loco.

-Al final voy a pensar que te gusta- negó riendo- No, eso es imposible. ¿Tú y mi hermana?

-Ya ves- reí.

-Tú nunca me harías algo así.

-¿Me tachas de cabrón?

-En ocasiones lo eres.

__


Le colgué el teléfono. Eric me había llamado para cancelar la salida al cine. Me metí en la cama cabreada. ¿Cómo tenía la poca vergüenza de decirme por teléfono que no íbamos a quedar sin decirme el por qué? Le colgué cabreada porque era lo que sentía, le había dejado con la palabra en la boca pero estaba harta. Un día parecía que las cosas iban bien y al siguiente lo notaba distante conmigo, como si tuviera miedo pero tío, él no es el típico tío que tiene miedo. 

Me sonó el teléfono. Leí su nombre y después de tanto insistir acabé respondiendo.

-Luna- sonó calmado- ¿Estás bien?

-¿Te miento?- tenía ganas de llorar.

-Cariño- susurró y cerré los ojos. Él no tenía ni idea de lo que esa palabra hacía en mi- Lo siento, siento haberte hablado así, estoy algo agitado. 

-¿Por qué?- pregunté.

-No importa.

-Todo lo referente a ti sí que importa así que no pienso colgar hasta que me digas que te pasa.

-Luna..-dijo.

-Eric- le reté.

-He estado hablando con tu hermano- dijo y abrí mucho los ojos.

-¿Cómo? ¿De qué? ¿Por qué?- escuché como se reía, yo y mi impaciencia, era algo natural.

-De tíos- me dijo y negué con la cabeza riendo- Él no quiere que alguien como yo esté contigo.

-¿Como sabes eso?- pregunté.

-Porque me lo ha dicho- dijo- No importa cómo pero me lo ha dicho.

-Eric..-me interrumpió.

-Le estoy fallando y es mi mejor amigo.

-¿Qué me estás queriendo decir con eso?- pregunté nerviosa.

-A veces pienso que lo mejor sería dejarlo ahora que estamos a tiempo- cerré fuertemente los ojos, no iba a llorar, no, no iba a llorar..

No llorar por un tío me lo había prometido tantas veces pero..ya era tarde, notaba como una a una iban saliendo las lágrimas, sin permiso. Cada una haciendo su camino por cada rincón de mi rostro, dejando marca pero una marca no tan permanente como sabía que alguien como él iba a dejar en mi vida.

-Luna- lo escuché decir- Pero es que luego estoy contigo y eso es lo que me hace feliz y no sé qué hacer- le temblaba la voz- Tengo miedo de no hacer lo correcto y por quererlo todo perderos a los dos.

-A mi no vas a perderme- le dije- Eric, encontraremos la forma de decirle las cosas.

-Me matará.

-Y yo te mataré a besos para compensarte- dije y sabía que le había hecho sonreír. Era fascinante saber cuando tu otra mitad estaba bien, mal o sonreía. Y yo sabía que en esos momentos estaba sonriendo al escuchar que no me iría- Eric- le llamé- No voy a obligarte a que intentes algo conmigo si no quieres.

-No me siento obligado- respondió rápidamente- Quiero estar contigo- intenté no emocionarme al oír eso pero me fue imposible- Solo si tú quieres- me dijo.

-No hay nada en este mundo que me haga más feliz que estar contigo.

Le escuché respirar profundamente al otro lado del teléfono, sonaba aliviado, como si hubiese tenido miedo a que yo le dijese que no, que no quería estar con él. Recuerdo que nos pasamos unos segundos en silencio pero cuando me dijo 'cariño' volví a poner atención a lo que me decía.

-Puede que me arrepienta de esto- me dijo pero en ese momento no lo entendí- Me gustaría tenerte delante para ver la cara que pones al decirte una cosa-le escuché reír- Me gustaría ver como te brillan los ojos al decirte esto, poder acariciarte la mejilla y besarte al decir lo que voy a decirte.

-¿Y qué vas a decirme? 

-Nada solo una cosa- se hacía esperar.

-¿El qué?

-Cariño- lo oí suspirar- Te quiero- cerré los ojos sonriendo- Puede que me arrepienta de habértelo dicho por aquí pero no podía esperar a verte para decírtelo y..-le interrumpí.

-Eric- dije.

-¿Qué?- preguntó.

-Yo también te quiero y no pienso dejar de hacerlo- sonreí.

-Yo tampoco.'


Y dejar de quererme fue lo primero que hizo, y joder, que si quieres a alguien no le haces el daño que él me hizo.



dilluns, 21 d’abril del 2014

A él le hizo falta perderla para quererla.



IX


'En esos momentos no me hacía falta nada más, tenerle ahí conmigo era lo mejor que podía pasarme. Estábamos, ambos, en el sofá. Él estaba tumbado con la cabeza en mis piernas y yo no dejaba de acariciar su pelo, me encantaba ver como cerraba los ojos de lo mucho que le gustaba. Era imposible no sonreír ante esa imagen, verlo ahí, tan frágil y relajado, con los ojos cerrados y con una sonrisa que me entraban ganas de acercar mi cara a la suya y besarle. Besarle hasta acabar con sus labios. 
Cuando dejé de acariciarle el pelo recuerdo que abrió los ojos y se me quedó mirando fijamente, como si estuviese buscando algo. Vi como se mordió el labio y como le brillaban los ojos. Sonreí automáticamente, era algo que ya me salía solo. Sabía que si en estos momentos alguien pronunciaba su nombre, sonreiría sin querer y sabía de sobras que eso no era nada bueno.

-¿En qué piensas?- pregunté.

-En ti- susurró y reí.

-Va, deja la broma a un lado por una vez- le pedí.

-No estaba bromeando- sonrió y notaba como el color de mis mejillas iba en aumento- ¿Sabes que me entran ganas de besarte cuando te pones colorada?

-Pues no sé a qué esperas para hac..-no me dejó continuar porque se sentó para así alcanzar mis labios. Me cogió ambas mejillas con sus manos y me besó dulce y lentamente, y hasta ese entonces ni yo misma me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba que me besara así. Puse mis manos en su pecho para separarlo de mi y así coger aire porque si fuese por él, dejaría que muriese entre sus labios. Tampoco me importaría morir así, sería una forma bonita de hacerlo. 

Recuerdo que estuvimos unos segundos donde solo nos miramos, él tenía la respiración agitada y yo más de lo mismo, a ratos se me iban mis ojos a sus labios y a él también le pasaba. Sonreía y veía que él me imitaba, estábamos cerca pero sin la necesidad de besarnos. Él no sabe que esos segundos los dediqué a recordar su rostro para tenerlo presente mientras dormía lejos de él. 

-¿Qué me estás haciendo?- preguntó mientras cerraba los ojos y apoyaba su frente en la mía.

-Eso mismo podría preguntarte yo a ti- le dije intentando no sonreír. Me cogió de la cintura y me sentó a horcajadas. Le acariciaba lentamente el pelo mientras él me acercaba cada segundo más a su cuerpo, como si fuese posible. A veces cuando hacía eso me reía porque parecía como si quisiera tenerme más cerca y él no se daba cuenta de que no se podía. Le besé la punta de la nariz- No tardaré en irme- susurré y cerró los ojos mientras negaba con la cabeza y escondía su cara entre mi pelo.

-No voy a dejar que te vayas.

-¿Vas a retenerme en contra de mi voluntad?- reí y se separó de mi, la sonrisa que él llevaba puesta en la cara era matadora. 

-Nunca sería en contra de tu voluntad si quieres quedarte- se mordió el labio.

-Lo tienes muy creído.

-Creído no, solo sé que no puedes resistirte a mis encantos.

-Eso es lo que tú crees- le reté.

-¿Estás segura?- asentí- Entonces haga lo que haga podrías resistirte a besarme en los labios, ¿no?

-Sí- dije muy segura de mi misma.

-¿Puedo?- preguntó apartándome el pelo y asentí.

Recuerdo que la forma en la que empezó a besarme el cuello me volvía loca. No podía mantener los ojos abiertos y inconscientemente tiraba la cabeza hacía detrás para que él no dejara de besarme. Echo de menos sentir su sonrisa en mi cuello, siempre sonreía al notar lo mucho que me gustaban sus besos. Empezó besándome en la base del cuello y subió por la mandíbula hasta acercarse a mis labios pero se resistía y no se detenía a besarlos. Recuerdo que mis dedos se perdieron en cada centímetro de su espalda. Y no pude, no aguanté mucho tiempo hasta que con una de mis manos agarré su mentón y acerqué sus labios a los míos, antes de besarle hay que decir que me susurró un 'no puedes resistirte a mi' y a esas alturas tenía razón, no podía. Pero para ese entonces no pensé mucho en ello, estaba más concentrada en no dejar de besarle. Intentaba, con cada beso, no sentir todo lo que sentía pero no podía controlar que la piel se me pusiera de gallina ni que me costase respirar ni tampoco querer más y más, no podía. 

A esas alturas podían hablarme de drogas si querían que la peor de todas no la conocerían si no lo habían besado a él.
Era adictivo.
Aún hay veces que tengo mono de él y de sus besos pero intento disimularlo.

Bueno..¿por donde íbamos? 
Ah sí, le besé. 
Y volví a besarle una y otra vez. Podía perderme en la profundidad de esos ojos y en su sonrisa ya ni te digo. 

Recuerdo que me separé de él porque se escuchó la puerta. Quise levantarme de su regazo pero me lo impidió abrazándome más a él. Me escondí en su cuello al escuchar una voz detrás nuestra. 

-Voy a matarte- se echó a reír. 

-Hola mamá- susurró sin hacerme caso.

-Hola cariño- respondió ella y conseguí separarme de él después de intentarlo varias veces. Miré a su madre y sabía que estaba colorada, que vergüenza, joder- Tranquila- sonrió- A veces mi hijo puede ser muy empalagoso.

-Sí ya lo he comprobado- sonreí y me imitó. Eric se hizo el ofendido pero no le salía muy bien- Soy Luna- me acerqué a ella para darle dos besos.

-Yo Clara- me acarició la mejilla- Es un placer bonita.

-Voy un momento al baño- les miré a ambos y asintieron.

En ese momento me apunté mentalmente que tenía que matar a Eric y no a besos.


__


Mi madre siempre tan oportuna, como siempre. Se fue hacia la cocina y le seguí.

-¿No venías más tarde?- pregunté.

-Eric si esa es una forma para decirme que me vaya lo llevas claro cariño- sonreí, siempre tan directa- ¿Como es que la has traído a casa?- preguntó curiosa.

-¿Qué más da?- pregunté.

-Simple curiosidad- rió- Nunca traes chicas a casa.

-¿Y?- pregunté y negó con la cabeza.

-¿Es tu novia?- preguntó.

-¿Y esto es un interrogatorio?

-Si lo es no sé que habrá visto en ti, pobrecita- rió y le imité, siempre nos picábamos con estas cosas. Negué con la cabeza y me dirigí hacia la puerta de la cocina para irme pero mi madre me llamó.

-Eric- hice un gesto para que hablara- Te gusta.

-No- respondí rápidamente y mentí, estaba claro.

-No era una pregunta cariño- sonrió- Solo hay que mirarte para ver como la miras. 

Salí sin decirle nada, me costaba mucho admitir cosas como éstas pero cada palabra que siempre le decía a Luna me salía sola, porque sentía lo que decía. ¿Tenía miedo? Mucho pero no iba a admitirlo delante de nadie. Un tipo como yo no tenía miedo pero no era normal que estuviese tan enganchado a ella como lo estaba, no podía ser bueno depender de ella. Ni tampoco alegrarme tanto al verla por los pasillos del instituto, ni fallarle a mi mejor amigo por verme con ella, ni tampoco podía ser bueno besarla y volverla a besar como si no existiera un mundo ahí fuera, a veces se me olvidaba que en éste mundo no estábamos solos ella y yo. 

La esperé en el pasillo del lavabo y cuando salió me miró enfadada.

-¿Porqué no me has dicho que venía tu madre? Y aún peor, ¿porqué no has dejado que me quitara de encima tuya? No sabes la mala imagen que tengo que haberle dado- agachó la cabeza.

-Porque no sabía que vendría tan pronto y porque me gusta tenerte encima mía- sonreí- O debajo- me dio un golpe y rió- Además, le agradas.

-¿Como lo sabes?

-Lo sé- no iba a decirle que por el simple hecho de que ella me volviese loquito, a mi madre ya le encantaba aunque esa fuese la pura verdad. Le cogí de la mano y la acerqué a mi para darle un corto beso.

-Creo que será mejor que me vaya- me dijo.

-¿No vas a quedarte a cenar?

-¿Llamas tú a mi hermano y se lo dices?- sonrió y se abrazó a mi cintura mientras yo apoyaba mi barbilla encima de su cabeza.

-Cierto, a veces se me olvida- dije.

-Eres un despistado.

-No- dije- Se me olvidan las cosas cuando estoy contigo.

-¿Eso es bueno?- preguntó al separarse de mi.

-Es bueno si no me olvido de ti- respondí.

-Si te olvidaras haría que te acordases a besos.

Le aparté el pelo de la cara y le besé levemente el cuello. Me acerqué a su oído para susurrarle sabiendo que eso le ponía la piel de gallina. 

-¿Me recuerdas quién eres?- le dije y la escuché reír- Creo que se me ha olvidado- me separé de ella y colocó una de sus manos en mi nuca, se acercó a mis labios y después de morder el labio inferior me besó, me besó como si de verdad necesitara mis labios, y para qué mentir, yo también los necesitaba, a ellos, a ella.

Y esto ella no lo sabe, pero esa noche la eché de menos, y la siguiente también, y así muchas noches de mi vida; ella no sabía la falta que me hacía y de hecho yo tampoco, necesitaba sentirla cerca y sentir que no la perdía pero a veces pierdes a lo que más quieres porque eres tan tonto que no te das cuenta de que le quieres hasta que no lo tienes.'

Y a él le hizo falta perderla para quererla. 

divendres, 18 d’abril del 2014

Ella era lo único bueno que tenía.



VIII

'Recuerdo que me pasé media tarde esperando su llamada y cuando creía que no iba a llegar sonó el teléfono. Esperé que sonara unas cuantas veces para que no pensara que estaba esperando con ansias su llamada. Lo cogí.

-¿Diga?- respondí.

-Hola nena- le escuché decir-¿Te va bien que pase a recogerte ahora?

-Pensaba que no me llamarías- respondí.

-A veces tu hermano es muy pesado- empezó a reír y le imité- He tenido que decirle que salía con una chica para que se callara.

-¿Le has dicho que esa chica soy yo?- pregunté nerviosa.

-No- admitió- Aún no estoy preparado para que me eche la charla de hermano mayor- reí- ¿Qué me dices? ¿Te va bien?- preguntó.

-Sí- dije- Dame unos minutos que acabe de prepararme.

-Vale- respondió- En cinco minutos estoy ahí.

-Perfecto- respondí y se quedó callado al otro lado, sabía que él estaba sonriendo de la misma forma que sonreía yo- ¿No piensas colgar?

-Esperaba que lo hicieses tú.

-Adiós Eric- suspiré y lo escuché reír. Separé el teléfono de mi oreja para darle a colgar pero le escuché hablar.

-Luna- susurró.

-¿Qué?

-Nada..solo que- hizo una pausa haciéndose esperar, quería matarlo- Tengo muchas ganas de verte- matarlo, sí, pero a besos. Sonreí como una tonta, como siempre hacía cuando estaba con él y colgé. 

Acabé de prepararme, no sé porqué quería darle una buena impresión, como si tuviese que ponerme perfecta para él, sencilla pero perfecta. Me miré al espejo y escuché como alguien tocó el claxon y me asomé a la ventana. Era él. Me mordí el labio y bajé corriendo las escaleras. Escribí una nota que dejé pegada en la nevera poniendo 'Denis, he salido con Lucía, vendré más tarde. Estaré bien, no te preocupes. Te quiere, tu pequeña Luna.' Yo ya me había encargado de decirle a Lucía que si mi hermano le preguntaba, había pasado la tarde con ella.

Salí de casa y me subí al coche. Me miró con una sonrisa y susurré un 'hola'. 

-¿No piensas saludarme?- preguntó.

-Acabo de hacerlo- se rió y se desabrochó el cinturón. Acercó su cara a la mía para besarme mientras una de sus manos iba a mis piernas. Le rodeé el cuello con mis brazos y empezamos a besarnos como si hubiéramos pasado meses lejos el uno del otro cuando en realidad solo habían pasado unas horas. Lentamente subía la mano hacía arriba, poniéndome nerviosa. Me separé un poco de él para coger aire, sonreí, parecía muy dispuesto a matarme a besos y para que engañarnos, que buena forma de morir. Puse una de mis manos encima de la suya para que parase.

-Me pones nerviosa- admití y entrelazó nuestras manos.

-Me gusta ponerte nerviosa- sonrió y volvió a ponerse bien en su asiento. Se abrochó el cinturón y arrancó el coche.

Me giré en mi asiento para poder ver cada uno de sus gestos al conducir, de vez en cuando se giraba y me pillaba mirándole cosa que hacía que se mordiese el labio y sonriera.

-No hagas eso- le pedí.

-¿El qué?- preguntó haciendo ver que no entendía de lo que le estaba hablando.

-Morderte el labio- admití- Haces que quiera besarte.

-Hazlo- sonrió.

-¿Qué quieres que tengamos un accidente?- detuvo el coche y le miré frunciendo el ceño. ¿Había detenido el coche solo para besarme?- ¿Qué haces?- pregunté.

-Hay un semáforo- señaló y lo miré. Tenía razón, que tonta había sido. Negué con la cabeza- Luna- me llamó y me giré. Volvió a acercarse a mi- No llega a haber ese semáforo y me hubiese parado para besarte- admitió y sonreí. Acerqué una de mis manos a su nuca y la acaricié. Cerró los ojos y le besé. Le besé y me dejó de importar si el semáforo estaba en verde, si la gente de detrás se quejaba, no me importaba que me viera alguien conocido..colgada de sus labios todo el mundo parecía carecer de importancia. Y eso podía ser bueno hasta cierto punto, ¿qué pasaría si al final tienes que olvidar a aquella persona que te hace olvidar absolutamente todo? Ese pensamiento me daba miedo, mucho. Decidí separarme de él y le indiqué que el semáforo ya estaba en verde. Arrancó de nuevo sin saber donde me llevaba pero a estas alturas no me importaba si él estaba conmigo. 

Aparcó el coche delante de una casa, supongo que sería la suya. Le miré y me guiñó el ojo. Me bajé del coche y se acercó a mi para agarrarme la mano. Le seguí y al llegar a la puerta sacó unas llaves.

-¿Es tu casa?- pregunté.

-Sí- respondió y me sonrió. Abrió la puerta y me dejó pasar a mi primero. Era enorme. No podía dejar de observar cada rincón pero me puse nerviosa cuando noté que me abrazó por detrás y se apoyó en uno de mis hombros-¿Qué te parece si vemos una película?- me giré para mirarle- Estás tensa, ¿todo bien?- asentí. Me agarró de la mano y subimos hacia el piso de arriba. Me llevó a su habitación y me dijo que me pusiera cómoda. Se fue y preferí mirar las fotos que tenía colgadas en un corcho. Eric de pequeño era adorable y a día de hoy seguía con los mismos encantos que de pequeño. Seguía teniendo ese hoyuelo que tanto me gustaba besar, esa sonrisa que a cualquier tía volvería loca, incluso a mi que siempre había dicho que no volvería a fijarme en otro tío. Escuché pasos así que supuse que era Eric que ya venía, me giré y me miró con una sonrisa. Llevaba un bol de palomitas y me hizo un gesto para que me tumbase en la cama. Obedecí y puso una película para luego tumbarse a mi lado.

-¿Ya estabas mirando mis cosas?- río.

-Soy muy cotilla, ya lo sabes- reí.

-¿Verdad que era un encanto de pequeño?- asentí- Lo sigo siendo, no hace falta que me lo digas.

-A veces eres insoportable- reí.

-Pero así te gusto- le miré y me guiñó de nuevo el ojo.

-Más quisieras- empezó la película y le miré de reojo- ¿Es de miedo?- asintió- Si la has puesto para que te abrace lo llevas claro porque adoro las películas de miedo.

-Mierda- susurró y reí.

-No tienes que poner una película para que te abrace- le miré de reojo y dejó las palomitas a un lado. Se apoyó en uno de sus codos y le miré. Me apartó el pelo de la cara y se acercó a besarme. Primero solo rozó sus labios con los míos pero al paso de los segundos se le unieron nuestras lenguas. A veces, cuando sonreíamos mientras nos besábamos nuestros dientes chocaban y eso hacía que sonriésemos aún más y eso me encantaba. Me separé un poco de él y acaricié de nuevo su nuca. Me sonrió mientras cerraba los ojos. Siempre me había gustado que con solo tocarle tuviese ese efecto en él.
Cuando abrió los ojos de nuevo se acercó a mi cuello para besarlo, lentamente. Empezó dándome pequeños besos para luego subir a mi mandíbula y acabar besándome en los labios. No sé como pero terminó subiéndose encima de mi, no quería apoyarse como si al hacerlo pudiese romperme. Le sonreí y noté una de sus manos en mi pierna. Él no sabía que ese tipo de caricias podían conmigo. Cerré los ojos y puse mis manos en su pecho para separarlo de mi.

-Eric- susurré y me miró- No.

Al entender lo que quise decir se bajó de encima y se sentó a mi lado. Lo miré de reojo, parecía cabreado.

-Lo siento- dije.

-Yo también- respondió y fruncí el ceño. Se puso a ver la película como si no hubiese pasado nada. Yo le seguía mirando, ¿qué mosca le había picado? 

-Eric- le dije pero pasaba de mi- Eric- le toqué el brazo y puso la película en pause. 

-¿Qué?- preguntó con un tono de voz muy seco.

-¿Qué es lo que pasa?- pregunté-¿Te ha molestado que te haya dicho que no?

-Sí- respondió- Me besas y luego dices que no, ¿sabes? Hay veces que los tíos necesitamos más que besos.

-¿Que te beso?- le dije cabreada y me levanté de la cama-Has sido tú el que ha empezado a besarme.

-Dos no se besan si uno no quiere- me echó en cara. Me puse los zapatos, dándole la espalda, no quería mirarle porque sabía que si lo hacía me echaría a llorar y él ya me había visto llorar lo suficiente, me quedaba aún un poco de orgullo para fingir ser fuerte delante suya.

-Si lo único que quieres es follar conmigo lo llevas claro- le chillé. Me miró con miedo al decirle tales palabras.

-Yo no he dicho eso- respondió y se levantó para acercarse a mi.

-¿Ah no?- le miré- Te repito- intenté imitar su voz- Hay veces que los tíos necesitamos más que besos.

-Luna- intentó tocarme- No quería decir exactamente eso.

-Pues es lo que has dicho- me separé de él- No me toques- se acercó un poco más pero le señalé con el dedo- No te acerques, joder- me miró a los ojos y sé que notó que tenía ganas de llorar.

-¿A qué le tienes miedo?- preguntó, sabía que quería acercarse a mi pero intentaba no hacerlo.

-No voy a poder darte todo lo que tú quieras cuando tú quieras- le miré- Lo siento.

-Luna.

-Que no soy como todas las que has estado- le miré cabreada.

-Lo sé- me dijo- Y eso es lo que más me gusta de ti.

Dejé de mirarle, si lo hacía me echaría a llorar.

-Luna- se acercó y le dejé- No quiero que pienses que solo te quiero para un rato. Me he equivocado de palabras- se calló de golpe y le miré- Entiende que al besarte siempre quiero más- se rió y me sonrojé- No sabes las ganas que tengo de ti y, a veces, intento controlarme pero me cuesta- me acarició una de mis mejillas- No tengas miedo a lo que sientes, nena- me besó levemente- No quiero que te vayas.

-Ni yo quiero irme.

-Quédate- me pidió y le rodeé el cuello con mis brazos- Pero no te quedes solo hoy- sonrió- Mañana también- me besó- Y el otro- volvió a besarme- Y así todos los días- sonreí. Me cogió a horcajadas y rodeé su cintura con mis piernas. Cerró los ojos y suspiró- Luna- me llamó.

-¿Qué?- pregunté.

-¿Sabes que eres lo único bueno que tengo?

Recuerdo eso como si fuese ayer, recuerdo todas y cada una de sus palabras. Ese 'eres lo único bueno que tengo' que me caló bien hondo pero supongo que no era tan buena como para seguir aquí conmigo el resto de su vida. De un día para otro la cosa cambió, y ambos tuvimos que seguir con nuestras vidas, por separado. Él su camino y yo el mío. Seguí con mi vida deseando estar en la suya pero hay veces que las cosas no son como queremos. 
Yo siempre había deseado tener uno de esos típicos amores de películas que a pesar de las circunstancias, los protagonistas acaban juntos pero cuando la película llega al final no sabemos si siguen juntos o el chico conoce a otra chica que hace que se pire. A partir de ahí pensé que lo mejor era tener un amor de libro, esa historia que queda para toda la vida escrita en esas páginas pero tampoco me parecía suficiente y decidí tener mi propia historia de amor que por desgracia no tenía final feliz, y es que, a veces, no hay final feliz porque nos merecemos otra historia de amor mejor, otra persona mejor pero no siempre la hay. Y por eso estoy aquí, recordando mi historia porque sé que no hay otro chico mejor para reescribirla y tampoco quiero a otro.'

dimecres, 16 d’abril del 2014

Ya no sé como explicarle a mi corazón que él no va a volver.


VII


'Recuerdo lo tonta que me ponía cada vez que me separaba de sus labios y me miraba fijamente con ganas de besarme. Me encantaba hacerle rabiar cuando me apartaba y no le dejaba besarme; arrugaba la frente y bufaba haciendo que algún que otro mechón de mi pelo se moviera. Entonces tenía la excusa perfecta para apartarlo y ponerme nerviosa. Me acariciaba lentamente la mejilla y al acercarse para besarme era él el que se apartaba. Odiaba que lo hiciera pero a la vez me encantaba. Él me decía que nos dejáramos de juegos y que le besara, no podía resistirme a ello. Siempre le acariciaba el pelo sabiendo que a él le gustaba. Y le besaba hasta que se quedara sin aliento, un beso detrás de otro, yo le daba uno y él me daba tres para compensar. A veces, se me escapaba una pequeña sonrisa mientras le besaba y eso le hacía reír. No hay risa más bonita como la sonrisa que te sale cuando besas a alguien. 

Si os digo la verdad creo que nos saltamos unas cuantas clases pero, ahí; sentada encima de él, encerrada en uno de los lavabos no me importaba. Me tenía rodeada con sus brazos por la cintura y cada segundo me acercaba un poquito más a él. Yo le acariciaba el pelo y notaba como iba cerrando los ojos a ratos provocando una sonrisa en mi rostro.

-¿Qué miras tanto?- preguntó.

-Tú- le dije y reí.

-¿Qué pasa conmigo?

-Que parece que te gusta que te toquen el pelo.

-No sabes cuanto- se acercó a robarme un beso- Y más si eres tú- susurró.

Le rodeé el cuello con mis brazos y me acerqué -aún más si eso era posible- y le abracé. Noté como se apoyó en uno de mis hombros y me abrazó muy fuerte.

-¿Estás bien?- susurré en su oído. 

-Tu hermano me matará- sonreí sin que me viese. 

-No si yo me pongo en medio- me separé de él y ésta vez le acaricié yo sus mejillas- No tengas miedo, no pareces ser un tipo que tiene miedo con facilidad.

-Pero sí tengo miedo cuando se trata de ti- confesó- Luna- suspiró- No sé como te lo haces pero me tienes enganchado- sonrío- Enganchado como si fuese una polilla que va directo a la luz, como un escritor con su musa, enganchado como no sé- se pasó la lengua por sus labios y bajé mi mirada hacia allí- Ahora mismo si me preguntasen sin qué no podría vivir, sin duda diría que tus besos.

-Eric- susurré- No me digas esas cosas.

-¿Porqué?- me miró- Si es la pura verdad.

-Es que- aparté la mirada y me pasé la mano por el pelo nerviosa- No sabes lo mucho que me pueden tus palabras- lo escuché reír- Y lo feliz que me hacen- admití. Me cogió de la barbilla y me hizo mirarle.

-¿Y qué hay de malo?

-Que cuando te canses de mi y ya no me las digas voy a echarlo de menos- se puso serio.

-Vuelvo a decir que eres tonta- intenté no reírme.

-Y tú un gilipollas.

-Que te encanta, todo hay que decirlo.

-Añade también lo de creído- reímos pero al segundo volvió a ponerse serio. 


Me cogió la cara con ambas manos y me besó, cerré los ojos automáticamente y lo que sentía cuando me besaba no podía ser normal. Era como si miles de mariposas se estamparan contra mi estómago queriendo salir para ser libres. Mis labios buscaban a los suyos como si estuviesen hechos para estar unidos. Se separó a regañadientes y se apoyó en mi frente.

-Sería demasiado tonto si me apartase de ti.

-Hay gente que lo ha hecho.

-Yo no voy a hacerlo- sonreí encima de sus labios. Intenté besarle pero giró la cara para que le besara la mejilla.

-Odio que me hagas eso.

-Y yo odio decirte que quedan solo cinco minutos para que toque el timbre de salida- dijo él.

-No- cerré los ojos- ¿Ya?- él asintió- ¿Y si nos quedamos aquí?

-No suena nada mal ese plan- rió. Se levantó conmigo encima y le rodeé la cintura con mis piernas. Me agarró por el trasero y me mordí el labio- No te muerdas el labio, eso es cosa mía cariño- sonreí y le besé pero cuando él quería hacer más profundo el beso, no le dejé- Eres mala- reí y me escondí en su cuello. Le hinqué los dientes y lo oí suspirar- No hagas eso Luna.

-¿Por qué?- pregunté haciéndome la tonta.

-No sabes lo mucho que me puede- empecé a besarle el cuello y me apoyó en una de las paredes del lavabo. Lo escuchaba respirar con dificultad y me encantaba saber que yo le afectaba tanto como él me afectaba a mi. Me separé de su cuello y le miré. Tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad. Al notar que me había separado abrió los ojos y me miró- Ya me vengaré ya- reí y me abrazo- ¿Sabes?- dijo- He estado pensando algo.

-¿Tú pensar?

-Eh- frunció el ceño y me dejó en el suelo. Me puse bien la camiseta ya que se me había subido y le miré. Me reí y me imitó- Lo que iba diciendo, he pensado en decirle a tu hermano que no puedo quedar.

-¿Y a qué viene eso?- dije sin entender.

-¿Voy a tenerte que hacer un mapa?- preguntó riendo y le pegué levemente en el hombro- Quería decirle que no puedo ir con ellos para pasar la tarde contigo.

-¿No estarás bromeando, no?

-Nunca bromearía con algo así- me cogió de la mano y miré nuestro agarre, mentiría si dijese que no me encantaba-¿Qué me dices?

-Sí- rodeé su cuello de nuevo y le besé. Le besé sabiendo que no podía ser muy bueno engancharme tanto a sus besos.

-Te llamaré entonces- me dijo.

-No tienes mi número.

-Eso es lo que tú te crees- me dio un toque en la nariz y abrió la puerta para salir. Antes de irse del todo se giró de nuevo- Luna.

-¿Qué?- pregunté con una sonrisa.

-Ya te estoy echando de menos- sonrío- Pero que quede entre tú y yo.

Vi como se cerró la puerta tras su marcha y volví a encerrarme en el lavabo sonriendo como una tonta. Me senté y me acaricié inconscientemente los labios, notaba como un hormigueo de tanto besarle. Tenía la sensación de que necesitaba un beso por cada segundo de vida para ser un poquito más feliz. No podía ser bueno que él me hiciese pensar cosas como ésta. No era bueno que en tan poco tiempo lograra hacerme feliz como ninguna otra persona había hecho. Era como si no necesitara nada más cuando estaba con él. Como si todo dejase de importar, no me importaba que entrara mi hermano y nos pillara ni tampoco saltarme clase, ni saber lo que podría venir. Prefería dejarme llevar y arrepentirme de haberlo hecho que no quedarme con la duda de qué habría pasado si le hubiese besado, si me hubiese arriesgado. 
Ahora solo sabía que parecería una tonta esperando su llamada, sabía que cada vez que sonara mi móvil me saltaría el corazón y notaría de nuevo a esas mariposas que habían cobrado vida. No podía dejar de pensar en él ni tampoco en la tarde que pasaría a su lado. 

Era demasiado bonito para ser verdad, y yo siempre decía que lo bonito en mi vida dura poco. ¿Sabéis? Esa no fue la única vez que esperé su llamada, aunque la diferencia está en que en ese momento sabía que llegaría, que me llamaría. Recuerdo que cuando se fue, me podía pasar horas mirando el teléfono deseando que por una puta vez en la vida sonara y fuese él. Todavía hay noches que lo espero pero eso nunca pasa. Sé que no me va a llamar diciendo que me echa de menos ni diciendo que tiene ganas de verme. Sé que no voy a oírle respirar al otro lado del teléfono mientras me dice lo mucho que desearía dormir abrazado a mi. No sabéis lo jodido que es esperar algo que sabes que no va a llegar pero es que, a veces, el corazón es tan tonto que sigue manteniendo la esperanza de que en cualquier momento, a cualquier hora, llamará y ya no sé como explicarle que no va a volver. Que ya no voy a tenerle, que no me sirve de nada quererle.'


dimarts, 15 d’abril del 2014

Él es esa herida que nunca cicatriza.


VI

'Recuerdo que la felicidad que me dio en ese momento pensaba que no me la podía quitar nadie y al final me la quitó él mismo. ¿Cómo? os preguntaréis, esperad unos segundos y ahora os lo cuento. 

A día de hoy aún cierro los ojos y es como si aun sintiera ese primer beso, no fue el único en esa habitación, después del primero vino el siguiente, me besaba sin dejarme respirar para compensar los segundos que no habíamos estado juntos. Recuerdo el primer beso pero también recuerdo todos los demás, con él era como si cada beso fuese el primero. Teníamos miedo, miedo a que viniese mi hermano y rompiera la burbuja en la que estábamos, miedo a no querer separarnos. Esa tarde me dí cuenta de que pasaría mucho tiempo enganchada a sus labios y colgada de su cuello. Recuerdo que, él, me acercaba más a su cuerpo como si notase que la ropa ya nos separaba suficiente. A veces, se separaba un poco para mirarme y parecía como si sus ojos se quedaran con cada centímetro de mi rostro para recordarlo más tarde, y para qué mentir, yo también lo hacía. Me encantaba mirarle y ver el hoyuelo en su mejilla derecha o ver como sus ojos marrones me quitaban el aliento, nunca sabías lo que escondían. Había algo que siempre me había gustado desde el primer momento en que me fijé en él, sus pecas. Tenía la cara llena y para ese entonces ya deseaba poder besar a cada una de ellas. Acariciarlas y quizás empezarlas a querer. Pero.. eso no iba a durar para siempre. Al final tuvo que irse para que mi hermano no nos descubriera. Parecía que le costaba, me cogió la cara entre sus manos por última vez y después de rozar nuevamente mi nariz volvió a besarme de la manera más tierna que nunca, en toda mi vida, me habían besado. Recuerdo que él tenía la manía de morderse el labio al separarse de mis labios. Me acarició una de mis mejillas y me besó la frente. Un gesto que me sorprendió pero a la vez me pareció bonito, era como si con ese beso me hubiese dicho que todo iba a estar bien. Pasara lo que pasara.

Pero no tenía pinta de que las cosas fuesen fáciles. 


Me desperté feliz, todo hay que decirlo pero todo cambió. Eso es lo que pasa cuando empiezas a dejar que tu estado de ánimo dependa de otra persona que no eres tú. Supongo que eso no logra controlarlo nadie.  
La mañana iba bien pero como no, las cosas cambiaron un poco cuando me encontré a mi hermano y a sus amigos delante de mi taquilla. Miré a Denis primero para luego mirar a Eric, me sonrío y qué ganas de besarle la sonrisa. 

-¿No llegará el día en que te canses de venir a buscarme y utilices el teléfono para decirme lo que tengas que decirme?- le dije.

-Yo también te he echado de menos enana- respondió y me besó en la mejilla- ¿Podrás volver a casa con Lucía?- preguntó- Hoy voy a salir con los chicos.

-Sabes que sí- respondí y miré a Eric. Mi hermano me pilló y se giró.

-¿Qué tanto le miras?- me dijo y me puse nerviosa. Intenté buscar una excusa.

-Nada- respondí- Solo que tiene mala cara- parecía cansado, la verdad.  

-Eso le pasa por salir de fiesta cuando no toca- respondió- Y por dormir en cama ajena- se rieron todos menos Eric.

No sabía si reír o llorar. Mi corazón se decantaba por la segunda opción pero no dejé que nadie lo viese.

-Que se aguante- reí y mi hermano me imitó- Me voy chicos, tengo cosas que hacer- me giré pero mi hermano me agarró por la muñeca, él me conocía demasiado bien. 

-¿Estás bien?- me miró extrañado.

-Sí- respondí forzándome a sonreír- A mi no me pasa nada, solo que hay un capullo que quiere hacerme la vida imposible. 

-Dime quien es y le pateo el culo- me guiñó el ojo.

-Hazlo antes de que patee mi corazón- admití pero..ya era tarde, ya lo había hecho.

-Que ni lo intente- le dí un beso en la mejilla y me solté de su agarre. Antes de irme volví a mirar a Eric, podía arrepentirse de lo que había hecho si quería pero a mi me seguiría doliendo igual, joder. 

Y me fui. 
Me costaba no romper a llorar en medio del pasillo. Caminaba entre la gente como si no hubiese pasado nada, me miraban y en ese momento me paré a pensar en algo...'¿quién sabe si alguna de éstas personas está pasando por su peor momento y ni lo sabes?' No era el peor momento de mi vida, claro que no, pero dolía. Parecía como si el tiempo fuese más lento o quizás el problema era mío, que era demasiado tonta ilusionándome por un tío que ya sabía como era. Un tío que cuando está contigo te dice las cosas más bonitas que nunca has oído pero que cuando te piras le da igual estar con otra. No podía enfadarme, no éramos nada pero, joder, yo sentía que desde el primer beso ya éramos algo, como si hubiese significado algo para ambos pero, como siempre, solo significaba para mi. 

Me encerré en uno de los lavabos. Me senté en la taza y me abracé a mis piernas para luego llorar en silencio. No sé cuanto tiempo pasó. Quizás una hora, dos, no sé. Parecía que no iba a parar pero tuve que hacerlo cuando se escucharon dos toques en la puerta.

-No hay nadie- respondí.

-Mira que llegas a ser tonta- oí su voz al otro lado de la puerta. 

-Será mejor que te vayas si no quieres que te pegue. 

-No te atreverías pequeña- respondió. Nos quedamos unos segundos en silencio- Va, déjame que te explique. 

-No hay nada que explicar, vete.

-Luna- me llamó- O me abres o te juro que no tendré ningún problema en tirar la puerta abajo.

Me levanté de la taza y quité el pestillo. Me eché hacia detrás para poder abrir la puerta y Eric me miró. Se le borró la sonrisa al ver el rastro de lágrimas en mis mejillas. Entró en el lavabo y cerró la puerta, yo volví a sentarme. Quería distancia porque si le tenía cerca no pensaría con claridad. 
Se agachó delante de mi y dejé de mirarle. 

-Siempre haces lo mismo- susurró y le miré al escucharlo.

-No sé a qué te refieres.

-Cuando estoy muy cerca tuya apartas la mirada como si tuvieras miedo- y tenía razón pero no iba a admitirlo delante de él. 

-Tonterías- respondí.

-Tonta- me dijo- Eres tonta por llorar por alguien como yo.

-No te creas el ombligo del mundo- dije.

-¿No llorabas por mi?- intentó no sonreír, le hubiese pegado o quizás le habría matado a besos- Siempre puedes decirme por quien lloras y voy a pegarle.

-Pues empieza a pegarte- respondí sin pensar y acercó sus manos a mis mejillas para secar el rastro de lágrimas.

-No me gusta que llores- dijo en un susurro.

-Y a mi no me gusta que me hagas llorar.

-Das por hecho cosas que no son sin preguntar Luna.

-No te entiendo- dije.

-Lo que ha dicho tu hermano no es del todo cierto- me miró- He dormido en mi casa- me explicó- Pero ayer salí y me encontré a mi ex- fruncí el ceño- Y..hablé con ella. 

-¿Pasó algo con ella?- me maldecí internamente por dejar hablar a mi corazón antes de pensar.

-¿Crees que sería capaz de ello?- preguntó.

-No sé- me mordí el labio- Dímelo tú.

-Luna- me llamó y se puso de pie. Me dio su mano y me levanté. No la soltó y me acercó a él- Sería incapaz- respondió- Escúchame bien- me pidió- No podría haber pasado nada con ella después de haberte besado- sonreí como una tonta, no podía controlarlo- Y más si planeo seguir besándote- se acercó a mis labios pero lo esquivé haciendo que me besara en la mejilla- Odio que me hagas eso- se rió pero se le borró la sonrisa al mirarme- ¿Qué pasa?

-Nada- respondí.

-No te creo- me apartó el pelo de la cara- Y no voy a besarte hasta que me lo digas.

-Solo que..-cerré los ojos unos segundos y suspiré. Al abrirlos lo solté sin pensar- Tengo miedo..

-Yo también- susurró- Pero no me importa tenerlo si estoy contigo, cariño.

Y eso me pudo más que cualquier otra cosa. Me acerqué a sus labios pero ésta vez fue él quién se apartó. Sonreí en su mejilla y sus manos se dirigieron a mis caderas. Me separé un poco para mirarle a la cara y le pillé mordiéndose el labio. Negué con la cabeza.

-¿Qué?- preguntó.

-Me encantas- susurré encima de sus labios y pillé su labio inferior entre mis dientes para morderlo. Parecía como si de sus labios se viese mucho mejor el mundo. Pagaría un billete para quedarme ahí toda una vida si pudiese.

Y le besé, le besé como se besan dos personas que se quieren, con ganas, con ternura y quizás un poco de pasión. Y tenía la tonta necesidad de no soltarle por un tiempo. Un tiempo o toda una vida, quién sabe. Pero, a veces, el concepto de 'toda una vida' o un 'siempre' no duran el tiempo que queremos, a veces acaban antes de que quieras darte cuenta. De un día para otro cambian mucho las cosas, hoy tienes algo que quizás mañana ya no. Y supongo que eso fue lo que me pasó, yo estaba convencida de que esto que estaba empezando podría durar toda una vida pero solo hace falta mirarme para darse cuenta de que no, que aquello que más quieres, a la larga, lo pierdes..

..y una se cansa de perder. Que no hay día que no llore su pérdida, y aun sabiendo que se irá volvería a hacerlo. A veces me pregunto si él volvería a hacerlo pero no estoy preparada para oír esa respuesta ni tampoco para que me rompa un poco más mi corazón si es que eso es posible. A veces creo que ya no se puede romper más, no hay ni un trozo que se salve sin uno de sus rasguños. Y sé que aunque pase el tiempo que pase, él seguirá siendo esa herida que nunca cicatriza.