XV
'Sentía que estaba perdiendo a lo más importante que jamás había tenido, no quería no tenerla, no quería tener que empezar a echarla de menos como había hecho estos días. Pensar siquiera en la posibilidad de que otro la abrazara, que otro pudiese mirarla como la miro yo desde la otra punta de la clase, que otro se llevara sus besos y fuese el dueño de su risa, me ponía enfermo.
Nunca creí que existía la posibilidad de querer tan fuerte, pensaba que eran inventos y que el amor del que tanto hablaban no existía, hasta que apareció ella. Aparece esa persona que te sonríe y te importa bien poco si en ese momento se acaba el mundo porque no te darías ni cuenta. Esa persona que sabes que si se va, nunca volverás a ser el mismo. Ella se había ganado una gran parte de mi, había sido capaz de quedarse incluso con mis cambios de humor, mis tonterías de crío y mi orgullo; hasta ahora ninguna había sido capaz de quedarse o ir más allá que una cama y, ella, sin necesidad de tocarme; había hecho que la quisiera.
Estaba loca y profundamente enamorado de Luna.
Puede que nunca me hubiese enamorado de verdad y quizás os preguntaréis como estoy tan seguro de que estoy enamorado pero, chicos, lo notas; sientes que es ella, que quieres compartir el resto de tu vida con esa persona y no piensas rendirte fácilmente y..ella valía mucho la pena. Era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo.
No me importó ir a cien por hora por la carretera, no me importó la posibilidad de crear un accidente porque necesitaba verla, necesitaba saber que la seguía teniendo, que todo estaba bien, que era mía como yo iba a ser suyo para siempre. Quizás pensaréis 'que pavo más cursi' o algo por el estilo pero solo lo era con ella porque siempre he pensado que todo lo bueno que yo puedo darle sigue siendo insuficiente comparado con todo lo que llega a merecerse.
Es fascinante como puede cambiarte la vida de un día para otro; conoces a gente que no significa absolutamente nada para ti y llega el día en el que aparece alguien que lo cambia todo y le da sentido a cosas que antes no la tenían. Eso podía ser peligroso, el hecho de que alguien tenga tanto poder sobre ti, ese poder que le permite hacerte feliz o por el contrario, destrozarte la vida pero a mi no me importa destrozármela enamorándome de ella, hay peores formas de joderse la vida pero ninguna tan bonita como ésa.
Recuerdo que ese fue el viaje en moto más largo de mi vida, quizás por las ganas que tenía de verla, no sé, solo sé que cuando llegué ni me fijé en si aparcaba bien la moto, si le había puesto el seguro, nada. Me temblaban las manos como nunca antes había visto, ni siquiera sabía qué iba a decirle. Subí las escaleras de dos en dos para llegar antes y cuando me encontré delante de la puerta cerré un segundo los ojos y dejé escapar todo el aire que había acumulado. Todo iba a ir bien, me repetía. Toqué el timbre y esperé ansioso, se escuchaba ruido dentro. Me preparé mentalmente para decirle todo lo que pensaba pero cuando abrió la puerta y la vi apoyada en ella, se me olvidó todo lo que quería decirle. ¿Os he dicho alguna vez que era preciosa? ¿que podía ponerse lo que quisiera que seguiría pensando lo mismo? Iba con el pelo recogido en una cola de caballo, tenía ojeras pero seguía siendo bonita, se le notaba más delgada y eso me cabreó. Soltó una risita al verme mirarla fijamente.
-Hola- susurró.
-Te quiero- respondí y me acerqué a ella. Se separó de la puerta y se escondió en mi pecho. Apoyé mi barbilla en la cima de su cabeza y la abracé como nunca antes había hecho. Necesitaba sentirla cerca y, ahí me di cuenta que ese era mi sitio favorito en todo el mundo. Notaba como sus manos se agarraban fuerte a mi camiseta y la oí llorar en mi pecho. Eso acabó conmigo. No podía verla así. Intenté separarla de mi cuerpo pero no me dejaba, no quería alejarse- Eh- le dije- Pequeña- cogí sus manos que estaban en mi espalda para así separarla- Deja que te vea- susurré. Se apartó con la cabeza agachada y con mis manos cogí con delicadeza su cara.
-Lo siento- susurró mirándome- Yo..- le limpié una lágrima que recorría su mejilla- Te he echado de menos- admitió.
-Como me entere o vea que vuelves a llorar por un capullo como yo- sonrió- Vamos a tener una charla, señorita.
-Pues dile a ese capullo que no se haga querer tanto- respondió.
-Luego le enviaré un mensaje si eso- la escuché reír- Y le diré también que es un capullo con suerte por tenerte- le acaricié las mejillas- Bonita- le dije.
-Añade también en el mensaje lo mentiroso que es- me acerqué a su frente para besarla.
-Pase lo que pase entre nosotros- me puse serio, le cogí una de sus manos- No quiero que acabes así- la miré- No quiero que dejes de comer como tu hermano me ha dicho, ni saber por él que te has pasado las noches llorando- la acerqué a mi y ésta vez me escondí yo en su hombro- Las cosas pueden ponerse difíciles pero no voy a irme a ninguna parte- le confesé- No cuando tengo todo lo que necesito delante de mis narices- le besé el hombro y vi como se lo ponía la piel de gallina, sonreí, me gustaba tener ese efecto en ella porque ella lo tenía también en mi.
-No te merezco- susurró y me separé de ella.
-No cariño, al revés, soy yo el que no te he merece-admití- He sido un tonto al ponerme así por esto, creía que tu hermano iba a pegarme y preferí huir, preferí coger el camino fácil sin tener en cuenta que a la larga sería un camino difícil porque eso significaba estar lejos de ti y..y- me puse nervioso- Lo siento, ¿vale? Siento haber permitido que esto llegara tan lejos, tendría que haber hecho las cosas de diferente manera y..y- apoyó sus manos en mi pecho.
-Eric..-dijo.
-Yo..es que, lo siento, no sé- volvió a interrumpirme.
-Eric, cálmate y cállate.
-Pero..-dije y se acercó a mis labios. Primero los rozó levemente y suspiré encima de los suyos, la había echado de menos. Puse una de mis manos en su mejilla y la besé como hacía días que no la besaba; con ansia y necesidad- Te he echado de menos- dije al separarme unos milímetros de sus labios- No vuelvas a cortarme cuando estoy hablándote- me dio un golpe en el hombro y la escuché reír.
-Empecemos de cero- me propuso con una sonrisa- Hola, soy Luna- dijo estirando su mano hacia mi.
-Hola- sonreír, le cogí la mano y la acerqué a mis labios para besarla- Soy Eric, el amor de tu vida, un placer- la escuché reír y con su mano aún cogida la acerqué a mi para besarla.
-¿Acabas de conocerme y ya me besas?- rió encima de mis labios- Que chico tan atrevido- ésta vez reí yo y dejé de besarla.
-¿Qué voy a hacer contigo?- dije mirándola.
-¿Quererme?- asentí sonriendo- Pero eso tendrás que hacerlo cuando me atrapes- dijo y entró corriendo hacia dentro.
-No huyas de mi- reí- Sabes que voy a atraparte- la escuché reír.
-No creo, amor- dijo ella.
-Como no vengas no voy a besarte en todo lo que queda de tarde.
-No te lo crees ni tú, chaval- tenía razón, ya estaba deseando encontrarla para besarla. La encontré saltando encima de la cama y negué con la cabeza.
-Tú no te me escapas- corrí hasta ella y la cogí.
-¿No me escapo hasta cuando?
-Hasta que yo sea tan gilipollas que te saque de mi vida- la miré seriamente- Si alguna vez llego a ser tan capullo, dímelo.'
Aún recuerdo eso, era por así decirlo 'nuestro comienzo', ahí empezaba todo, borrón y cuenta nueva, un nuevo libro que escribir. Un libro que llegó a su última página, que se cerró para siempre. Un libro que solo ella y yo conocemos.
Es muy duro, mucho. Acabé siendo un gilipollas y un cabrón como me prometí que no iba a serlo con ella. Prometí no hacerle daño y eso fue una de las primeras cosas que hice. No supe lo que tenía hasta que me quedé sin ello. ¿Sabéis lo difícil que es levantarme todas las mañanas sabiendo que no la tengo conmigo? Echo de menos despertarme y verla por mi habitación con una de mis camisetas favoritas- porque olían a ella -, echo de menos ver como sale corriendo cuando le pido que me de el beso de buenos días y yo, como un tonto, voy detrás de ella. Echo de menos verla en la cocina intentando peinarse y que se gire al notarme cerca, que me sonría. Echo de menos reírme al ver el esfuerzo enorme que hace por subirse a la encimera y tener que ayudarla, que me lo agradezca con un beso. Echo de menos que me mande a hacer el desayuno utilizando la excusa de que está cansada por la larga noche que hemos pasado juntos, echo de menos que me diga 'ayer te dejé comer de mi y si quieres seguir haciéndolo tendrás que alimentarme' decía y me sacaba la lengua y yo adoraba esos gestos de niña pequeña. Me acercaba a ella y empezaba a besarle el cuello haciéndole cosquillas y ella reía, reía tan fuerte que el pecho se me hinchaba con cada risa suya.
Y es que, cuando te enamoras de alguien, su risa se convierte en la mejor melodía que has escuchado en toda tu vida y, no, no intentes sustituirla con las miles de canciones que escuchas ni tampoco con otra risa porque ninguna estará a la altura. Ninguna provocará lo que provocaba ese sonido y lo peor de todo es que lo sabes y, con el tiempo, la echas en falta. Era como si por cada risa de ella te dieran una dosis de vida y no sabéis lo mucho que necesito vivir.
¿Y qué me queda? Nada. Estoy cansado de tener que recordar para tenerla porque esa es la única forma de sentirla. Y, chicos, aquí me tenéis, sentado en su taburete favorito de mi cocina, fumando, solo. Antes me ponía música, me daba qué pensar pero ahora la odio..
..odio la música porque esa ya no tiene el poder de hacerme sentir vivo como lo tenía ella riendo. Y ya no está, que sin su risa ya no hay vida que valga.